¿Elecciones amañadas?


En las pasadas elecciones a la presidencia de Irán salió reelegido el ‘polémico’ Mahmud Ahmadineyad tras haber derrotado con clara diferencia a su principal oponente, el reformista Musavi.

En principio, la prensa occidental planteaba estas elecciones como muy ajustadas en los resultados, afirmando que Ahmadineyad y Musavi obtendrían un similar número de votos. Mientras tanto, los líderes europeos y norteamericanos ‘advertían’ al pueblo iraní que de volver a ser elegido Ahmadineyad presidente, el país seguiría en ese estado ‘marginal’ tan deplorable como había estado hasta el momento. Esto en términos inmediatos es equivalente a una amenaza al pueblo de Irán y un intento de coacción en esa voluntad de elección democrática que de tanto se alardea que tiene que haber.

Sin embargo, la elección del pueblo iraní no atendió a los criterios que quería imponer Occidente, y Mahmud Ahmadineyad fue reelegido con amplia mayoría. Ahora llegarían los disturbios y quedarían evidenciadas las triquiñuelas del Tío Sam.

Repentinamente, las calles de Teherán se llenaron de manifestantes que cuestionaban la legitimidad de las elecciones, acusando a Ahmadineyad de haberlas amañanado para perpetuarse en el poder. Como no, Occidente estaba detrás de todo esto. Mientras la prensa atacaba continuamente al líder iraní alegando una manipulación en los resultados, los gobiernos amenzaban con tomar medidas drásticas a esa situación en la que se hallaba el país, muchos de ellos previendo una ‘guerra civil’.

La verdad es que, en principio, esas insurrecciones no eran de mayor magnitud que cualquier manifestación actual que podemos ver los occidentales desde la ventana de nuestras casas. Sin embargo, la prensa las presentaba como el auge de una gran rebelión contra ese gobierno ‘ilegítimo’, colmadas de violencia y desorden.

Pasados unos días, esas manifestaciones comenzaron a ganar fuerza. Algo realmente curioso, dado que las personas suelen actuar con el ‘calentón’ ante este tipo de problemas, sin dejar pasar un tiempo como en este caso.

La cuestión es que hubo ‘algo’ que incitó a aumentar el descontento de los iraníes y por tanto la gravedad de la situación. ¿Qué podría ser eso que, de repente, entra en escena? La respuesta es clara: la mano de los Estados Unidos. Numerosas fuentes alegan que el servicio secreto norteamericano estuvo detrás de muchos levantamientos en contra del gobierno legítimo de Mahmud Ahmadineyad. Lamentablemente, el líder iraní tuvo que reforzar la autoridad policial e incluso decretar toques de queda, con el descenso de popularidad que eso supone.

Pero, finalmente, lo que pudo haber acabado en una verdadera guerra civil, que era el verdadero objetivo de los Estados Unidos, tuvo para nosotros un final feliz. Las pruebas acerca del presunto amaño de las elecciones fueron rechazadas tras una investigación propuesta por los ‘desconfiados’ gobiernos occidentales, quienes se tuvieron que tragar sus propias palabras, y finalmente Mahmud Ahmadineyad fue nombrado presidente electo.

Afortunadamente Irán es, al menos de momento, uno de los pocos rincones del mundo donde todavía la gran mano imperialista y opresora del invasor judeonorteamericano no ha llegado.

GBE

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