Europa y el Islam ¿una doble vía?


ESPAÑA (NOVOpress) | 22 de febrero de 2010

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Desde que el Islam se consolidó como una nueva religión a mediados del siglo VII, Europa se ha visto amenazada durante toda la historia por el afán expansionista y englobador de los diferentes pueblos que, o bien a la fuerza o bien voluntariamente, aceptaron el Islam como doctrina.

A lo largo del tiempo, la amenaza de invasión islámica en Europa se ha dado en dos puntos clave: la zona de Anatolia-Balcanes y la Península Ibérica. Por lo que concierne a este artículo, sobran citar casos sobre el desarrollo de estos hechos que se dieron antiguamente cuando los pueblos europeos frenaron el avance musulmán a golpe de espada.

Actualmente, el problema entre el mundo europeo y el islámico ha adquirido una mayor complejidad. La amenaza que supone la cultura islámica para Europa no se debe a una cuestión simplemente militar o bélica , sino a que, como fruto de las políticas neoliberales y capitalistas que se han impuesto al mundo, los flujos migratorios de musulmanes a Europa no han hecho más que aumentar. Como otros muchos pueblos, gran cantidad de islámicos se han visto obligados a abandonar sus tierras y marchar a Occidente en busca de mayor fortuna. Y como es obvio, la convivencia entre diferentes culturas siempre ha entrañado conflictos sociales de muy diversa índole: derechos de una religión sobre otra, respeto de las costumbres, locales etc. El problema de coexistencia entre los valores europeos y los islámicos no es uno meramente religioso, sino que subyace en todo un conjunto de factores culturales y morales que hacen que el inmigrante musulmán no sea muy dado a la integración en la sociedad europea (integración -masiva- que por otro lado tampoco conviene a la pervivencia de la identidad europea, siendo el aspecto etnocultural un elemento importante de la misma). A pesar de que este asunto sobre la convivencia multicultural constituye un estudio de complicado análisis, no cabe aquí entrar a examinar todos los elementos de dicho problema, pues basta atender directamente a las consecuencias, en muchos casos nefastas, que se dan y se han dado históricamente en la convivencia entre europeos y musulmanes sobre territorio europeo.

Sea como sea, la cuestión es que la teoría de Eurabia se está cumpliendo, y todos los datos apuntan a que dentro de pocas décadas ya habrá un estado autoproclamado islámico en territorio europeo como fruto del aumento demográfico de los musulmanes (dejando de lado a Turquía, Albania o Kosovo).

Diferentes gobernantes, tanto dentro como fuera de Europa, están apoyando y favoreciendo la islamización del Viejo Continente. El mismo Gadafi apoya la teoría de Eurabia y afirma que el Islam está haciéndose con Europa paulatinamente teniendo lugar una invasión no violenta. Tiene razón. Y sin duda, esta faceta del Islam representa un peligro para Europa, como se ha dicho, hasta el punto de que si la demografía musulmana sigue aumentando en detrimento de la europea, inevitablemente la cultura y los valores europeos conocerán muy pronto su final.

Sin embargo, aparte de la problemática de la invasión del Islám en Europa (problema que deviene imperativamente necesario atajar), existe otra vertiente de los países musulmanes que puede suponer un aliado para Europa en tanto que son dos mundos -el islámico y el europeo- que se hallan subyugados por el poderío imperialista y culturalmente alienante de los Estados Unidos y, a la vez, amenazados por el Sionismo genocida que perpetra Israel. En efecto, nos guste o no países como Irán representan representan el máximo exponente de la lucha contra el imperialismo atlantista.

Desde Novopress siempre se ha apostado por una doble vía: la de la lucha radical contra la invasión islámica en Europa y por la alianza con los países musulmanes fuera del territorio europeo (y sólo con los no alineados) .

Tras finalizar la II Guerra Mundial, media Europa quedó bajo los hilos del Tío Sam tanto militar como culturalmente, y tras la caída de la URSS, la otra media. Los países europeos han ido adquiriendo cada vez más dependencia de Estados Unidos, ya haya sido a través de los Planes Marshall, la OTAN u otros tratados de “cooperación” como el que permite la implantación de un escudo antimisiles yanqui en suelo europeo. Todo ello, lo único que ha significado es la subordinación económica, militar y cultural de Europa al capital norteamericano, quizá con la excepción de Rusia y algunos otros estados.

Por su parte, el mundo islámico, si bien ya fue objeto de disputa durante la Guerra Fría entre las dos superpotencias, actualmente está siendo digerido por el ejército americano y sus multinacionales. ¿El objetivo teórico? Eliminar un peligro integrista que debería suponer una verdadera amenaza para todo Occidente. ¿El objetivo real? Hacerse con el control de los recursos naturales estratégicos de Oriente, como el petróleo iraquí, a la vez que se pretende aumentar el área de influencia geopolítica estadounidense para así mantener su hegemonía en todo el globo.

Cada vez más países musulmanes entran en la órbita judeonorteamericana y son convertidos en dependencias de Washington: Kuwait, Afganistán, Irak… y ahora el Yemen, que con la excusa de que pronto se convertirá en un centro de actividad de Al Qaeda, la CIA ha multiplicado exponencialmente allí su presencia y EE.UU. ha vendido arsenal militar a un gobierno que más debería centrarse en acabar con el hambre que sufre su pueblo.

Por todo ello, surgen organizaciones terroristas -que sirven de perfecta excusa para proceder a una invasión “preventiva” y que a menudo son meros títeres de la voluntan yanqui- y gobiernos que, simplemente por no doblegarse hacia las pretensiones imperialistas, son mostrados como el enemigo a batir y como un peligro para nuestra libertad, siendo Irán el ejemplo más representativo actualmente.

Así, mientras los medios de comunicación muestran que esos países disidentes con el Imperio Yanqui son gobiernos de terroristas fanáticos que amenazan nuestra “democracia”, nos muestran la cara islámica más “positiva” para nosotros, la que nos ofrece la convivencia con la cultura musulmana en nuestra tierra. Sin embargo, lo que los medios muestran es todo lo contrario a lo que le conviene a Europa, y es defender su identidad, cultura y sus valores frente al aumento de demografía musulmana (y extra-europea en general) mientras puede apoyarse en aquellos países (los no alineados) que, viéndose también en peligro por el imperialismo estadounidense y el sionismo, les plantan cara y se enfrentan a ellos.

Extracto de: Novopress

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