EE.UU. chantajea a Irán con una posible reunión entre Obama y Ahmadineyad


Redacción: La Inquisición – 16/08/2010

El consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general James Jones, declaró ayer en CNN que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, estaría dispuesto a reunirse con su homólogo iraní, Mahmud Ahmadineyad, si éste sopesa cumplir una serie de condiciones para que tenga lugar dicho evento.

Una de esas condiciones sería que la nación persa liberara a tres ciudadanos estadounidenses (Sarah Shourd de 30 años; Shane Bauer, de 27 años; y Josh Fattal, de 27 años) que llevan más de un año detenidos en Irán por presunto espionaje. El gobierno estadounidense afirma que no se trata más de simples turistas y Jones afirmó que “su liberación sería el inicio de una mejora de las relaciones”.
Otra exigencia de EE.UU., como no podría ser de otra manera, es que Irán debe reanudar las conversaciones sobre su programa nuclear en el marco del llamado G5+1 (EE.UU., China, Francia, Gran Bretaña, Alemania y Rusia) con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Ahmadineyad expresó su disponibilidad para dialogar con los dirigentes occidentales (incluído Obama) en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un diálogo que debería estar “basado en el respeto mutuo y la justicia al más alto nivel”.

Sin embargo, para que el gobierno estadounidense considere la posibilidad de una reunión así, en teórica calidad de iguales, es Irán el único país que debe tomar una serie de medidas que suponen ceder ante las exigencias impuestas por Estados Unidos.

¿Por qué uno tiene que dar su brazo a torcer y otro no?

Seguramente, unas declaraciones de Castro o Kim Jong-il solicitando la liberación de presos cubanos en Estados Unidos acusados de espionaje o exigiendo dar explicaciones sobre sus actividades nucleares con tal de prestarse uno de estos líderes a entrevistarse con Obama resultarían lo menos tronchantes para los medios de comunicación.

Las palabras de James Jones se encontraban dentro de esa atmósfera de prepotencia y superioridad que impera en nuestro mundo. Una atmósfera que ha arraigado profundamente en toda conciencia occidental, que nos dicta que todo cuanto hace EE.UU. es por la seguridad y por la garantía de nuestra libertad. Nadie cuestionará nunca la legitimidad del programa nuclear yanqui o israelí, porque nadie nos lo muestra como un peligro. Al contrario pasa con Irán. Y sin embargo, la actitud de los líderes de uno y otro bando lo único que hace mostrar es que Israel es más partidario de una guerra nuclear a gran escala que cualquier otra nación, incluyendo Irán. ¿Quién representa el verdadero peligro? ¿Quién es el “malo” que debería ceder en este toma y daca por tener capacidad nuclear y por poder tenerla, independientemente de sus fines?

La actitud de los mandatarios occidentales con respecto a Irán es grosera. Si uno puede desarrollar el tipo de tecnología que quiera, ¿por qué el vecino no va a poder? Estados Unidos no representa la palabra de ningún tipo de justicia divina superior. No tienen más derecho que nadie a tener armamento (ya no armamento, tecnología) nuclear, y su voluntad de que Irán no lo tenga muestra esa actitud prepotente que tan bien vista está por la ciudadanía. En boca de un conocido dicho popular: “aquí, o follamos todos, o la puta al río”.

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