Fidel Castro discute con Chávez el riesgo de una guerra nuclear

Redacción: RT – 26/08/2010

Últimamente Fidel Castro expresó varias veces su preocupación sobre una guerra nuclear que, de acuerdo con el líder cubano, se aproxima “aceleradamente”, y volvió a discutir el tema con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante un encuentro en La Habana este miércoles.

En sus recientes artículos y discursos, Fidel Castro a menudo advirtió a la comunidad internacional sobre un “terrible” conflicto nuclear inminente. Según el comandante, esta “catástrofe” podría arrancar como un conflicto regional y luego llegar a escala mundial.

Castro arguyó que la guerra se desencadenaría tras el enfrentamiento de EE. UU. e Israel contra Irán, que es inevitable desde el momento en que se apliquen las sanciones aprobadas contra la República Islámica por eparte del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante la “emotiva y fraternal” reunión, Castro y Chávez analizaron la actualidad internacional, prestando especial atención a los “graves riesgos de una guerra nuclear que se cierne sobre la humanidad”.

Hugo Chávez destacó el papel de Fidel Castro para lograr a una compresión de estos riesgos. También mostró su satisfacción por el perfecto estado de la salud del comandante. Por su parte, Castro presentó a Chávez algunos capítulos de su nuevo libro ‘La contraofensiva estratégica’ que narra la lucha revolucionaria de los rebeldes cubanos en los años 1958-1959.

En la segunda parte de su visita a la isla, el presidente de Venezuela mantuvo negociaciones con Raúl Castro, con quién analizó el desarrollo de los “ejemplares vínculos bilaterales”.

Fuente: RT.

Lo que no te dirán sobre Iraq

Redacción: Adil E. Shamoo | Foreign Policy in Focus

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

Iraq tiene un desempleo de entre 25 y 50%, un parlamento disfuncional, enfermedades endémicas, una epidemia de enfermedades mentales, y un crecimiento descontrolado de las chabolas. La matanza de gente inocente se ha convertido en parte de la vida diaria. ¡Qué desolación ha infligido EE.UU. a Iraq!

ONU-HABITAT, un organismo de las Naciones Unidas, publicó recientemente un informe de 218 páginas titulado “Estado de las Ciudades del Mundo 2010-2011”. El informe está repleto de estadísticas sobre la condición de ciudades en todo el mundo y sus demografías. Define a los habitantes de los barrios bajos como aquéllos que viven en centros urbanos sin una de las siguientes condiciones: estructuras estables para protegerlos del clima, suficiente área habitacional, suficiente acceso a agua, acceso a instalaciones sanitarias e inmunidad ante el desalojo.

Casi oculto intencionadamente en esas estadísticas hay un hecho chocante sobre las poblaciones urbanas iraquíes. Durante las últimas décadas, antes de la invasión de EE.UU. en 2003, el porcentaje de la población urbana que vivía en chabolas en Iraq ascendía a poco menos de un 20%. Actualmente, ese porcentaje ha aumentado a un 53%: 11 millones del total de 19 millones de habitantes urbanos. En la última década, la mayoría de los países han hecho progresos hacia la reducción de la cantidad de habitantes en chabolas. Pero Iraq ha ido rápida y peligrosamente en la dirección contraria.

Según el Censo de EE.UU. del año 2000, un 80% de los 285 millones que habitan en EE.UU. son habitantes urbanos. Los que viven en chabolas están muy por debajo de un 5%. Si traducimos la estadística iraquí al contexto estadounidense, 121 millones de personas vivirían en chabolas en EE.UU.

Si EE.UU. tuviera una tasa de desempleo entre un 25 y un 50% y 121 millones de personas que viven en chabolas, habría disturbios, los militares tomarían el poder y la democracia se evaporaría. ¿Por qué, entonces, la gente en EE.UU. no se preocupa o entristece por las condiciones en Iraq? Porque la mayoría de la gente en EE.UU. no sabe lo que sucedió en Iraq y lo que sucede ahora mismo. Nuestro gobierno, incluida la actual administración, mira hacia otro lado y perpetúa el mito de que la vida ha mejorado en Iraq después de la invasión. Nuestros principales medios noticiosos refuerzan ese mensaje.

Yo albergaba muchas esperanzas en que el nuevo gobierno diría la verdad a sus ciudadanos sobre el motivo por el que invadimos Iraq y lo que estamos haciendo actualmente en ese país. El presidente Obama prometió seguir adelante y no mirar hacia el pasado. Por problemática que sea esta negativa de examinar el pasado –particularmente para los historiadores– lo menos que debería hacer el presidente sería informar al público de EE.UU. sobre las actuales condiciones en Iraq. ¿De qué otra manera podemos esperar que nuestro gobierno formule una política adecuada?

Audiencias más amplias en el Congreso sobre Irán podrían haber permitido que conociéramos los mitos propagados sobre Iraq antes de la invasión y la dimensión del daño y la destrucción infligidos a Iraq. Habríamos conocido el tremendo aumento en la pobreza urbana y de la expansión de los barrios bajos. Semejantes hechos sobre las actuales condiciones de Iraq ayudarían a los ciudadanos estadounidenses a comprender mejor el impacto de la rápida retirada de EE.UU. y cuáles deberían ser nuestras responsabilidades en Iraq.

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Adil E. Shamoo es analista senior en Foreign Policy In Focus, y profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. Escribe sobre ética y política pública. Para contactos, escriba a: ashamoo@umaryland.edu.

Fuente: Foreign Policy in Focus ; vía: Rebelión.

Las reflexiones de Castro enturbian las relaciones Cuba-México

Redacción: La Inquisición – 15/08/2010

Fidel Castro ha expresado en su último artículo, “El gigante de las siete leguas”, que Estados Unidos intervino en las últimas elecciones presidenciales mexicanas en 2006 con el fin de impedir que el candidato izquierdista, López Obrador, ganase las elecciones. Castro pone en duda la legitimidad de los comicios afirmando que el interés estadounidense era la victoria del candidato conservador y actual presidente, Felipe Calderón.

Según Castro, la doctrina neoliberal que imponen los EE.UU. está dirigida a apropiarse de las riquezas de otras naciones y por ello necesitaba que en México gobernase alguien acorde a esos principios. “Conocía, como otros dirigentes políticos, cómo Washington había elaborado las ideas del ‘neoliberalismo’ que vendió a los países de América Latina y al resto de los países del Tercer Mundo como la quintaesencia de la democracia política y el desarrollo económico, pero nunca tuve una idea tan nítida de la forma con que el imperio utilizaba esa doctrina para destrozar y devorar las riquezas de un importantísimo país, rico en recursos”, afirma Castro.

A su vez, Fidel alabó la obra de López Obrador, “La mafia que se adueñó de México y el 2012”, donde el ex-candidado describe “la forma en que Estados Unidos devora a dentelladas un país hermano, al que ya una vez arrebató más del 50% de su territorio, las mayores minas de oro con altísima ley y la riqueza petrolera explotada intensamente durante más de un siglo, de la que se extraen todavía casi tres millones de barriles diarios”.

Los comicios presidenciales en México en 2006 fueron ganados por Felipe Calderón habiendose impuesto a López Obrador por un escueto 0,57% de votos más. Nunca la diferencia entre dos candidatos a la presidencia mexicana había sido tan pequeña.

Las declaraciones del líder cubano han desatado fuertes críticas por parte del gobierno mexicano, que rechazó oficialmente sus declaraciones en las cuales el ex presidente de Cuba “pretende descalificar a las instituciones mexicanas y se hace eco de afirmaciones sin sustento sobre el país y su desarrollo”, según la cancillería. Si bien las relaciones Cuba-México ya eran frías con el anterior presidente, Vicente Fox, cuando se llegó a considerar la posibilidad de romper todo tipo de relación entre ambos países, en la actualidad los vínculos que unan ambas naciones pueden quebrarse más hasta llegar a romperse completamente.

El artículo de Castro puede leerse entero aquí:

Parte 1: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/08/12/el-gigante-de-las-siete-leguas-parte-1/

Parte 2: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/08/13/el-gigante-de-las-siete-leguas-parte-2/

Fuente principal: RT

Medios de comunicación

La Inquisición – 14/08/2010

En un mundo como en el que vivimos es común y aceptado tomar cuanta información se nos muestra como verdadera e indiscutible, máxime si procede de medios tales como la televisión, la radio u otro espacio cuya masiva audiencia da una falsa sensación de garantía de veracidad e imparcialidad.

Sin embargo, se trata de algo ilusorio, y el hecho de que todos los medios muestren al unísono la misma información no confirma su fidelidad. Al contrario, ocurre que todos los grandes medios de comunicación de masas tienen una coincidencia de intereses que -salvaguardando algunos detalles ideológicos irrelevantes desde un punto de vista global- hacen mostrar el mismo tipo de noticias al público.

¿Qué intereses son esos? ¿A qué corresponden?

Los mass-media siempre son propiedad de grandes capitalistas cuyo negocio no se reduce únicamente a la información. De hecho, en la mayoría de los casos la posesión de un medio de comunicación dentro de un holding empresarial no es un fin comercial en sí, sino un medio que afiance, de cara al ciudadano, la buena imagen de las demás empresas del mismo propietario.

De esta manera surgen fuentes de información que ya de base están condicionadas, de modo que si el medio de comunicación pertenece al mismo propietario que una petrolera, mostrará unas noticias relativas a ésta siempre favorables y benévolas, aunque en realidad esa petrolera, por poner un ejemplo, vierta desperdicios al mar o explote a sus trabajadores. Serán cosas que el medio tenderá a censurar.

Por otra parte, está la publicidad. Actualmente la mayoría de ingresos en TV, radio, periódicos y revistas proceden directamente de la publicidad a la que dan soporte. Esto supone otro gran condicionante, pues las empresas que se anuncian nunca permitirían que el medio en el cual se hacen conocer emitiera noticias adversas a su imagen y a sus productos, por malos que éstos sean. De esta manera el medio, con el fin de no perder su fuente de ingresos, nunca mostrará ninguna noticia desfavorable relativa a los anunciantes.

Las firmas comerciales utilizarán los teóricamente fiables medios de comunicación siempre bajo su criterio, que no es otro que vender sus productos a un público contando con su beneplácito.

Desde una perspectiva más global, para entender por qué en casi la totalidad de los aspectos geopolíticos del mundo todos los medios están de acuerdo, hay que hacer un análisis de las implicaciones de las multinacionales en los diferentes gobiernos de cada nación.

En un mundo que tiende cada vez más y más al anarcocapitalismo, las multinacionales van acaparando progresivamente todo el poder que pueden en detrimento de los gobiernos soberanos. Aunque este es otro tema de estudio, cabe tener en cuenta que el neoliberalismo -la doctrina imperante en este siglo XXI- otorga cada vez más competencias al sector privado, desentendiéndose los gobiernos (y, por extensión, los pueblos) de garantizar derechos tan básicos como son la sanidad y la educación.

Llega un momento en que el capitalismo ha supeditado las soberanías nacionales a los grandes capitales de tal manera que cualquier decisión tomada por un gobierno se corresponde a las pretensiones del Capital, y de nadie más, ni siquiera del pueblo que le confió su voto en un vano intento por decidir su destino en la historia.

Los medios de comunicación nunca mostrarán este tipo de relación, y se limitarán a mentir en aras de contar con la aprobación popular en todo lo concerniente al interés del Capital.

Así, una guerra contra un país rico en reservas petrolíferas, cuya única finalidad radica en el control de esas reservas por parte del Capital, puede ser vista por la muchedumbre como una cruzada necesaria para salvaguardar una libertad y una democracia que no son tales, con el pretexto de destruir un terrorismo ficticio o de derrocar a un tirano que nadie sabe qué hace ahí.

Los medios de comunicación, al servicio de su dueño, el Capital, pueden alinear a la opinión pública con los objetivos de sus propietarios, a pesar de que no se correspondan lo más mínimo con el interés general.

De la misma manera que se legitima una guerra popularmente innecesaria, también los medios pueden crear una alarma social afirmando que hay un virus expandiéndose de peligro extremo. Sin embargo, la realidad es que ese virus puede ser, al lado de la gripe común o la malaria, algo realmente insignificante, y que no afecte a prácticamente nadie. Pero el miedo infundido ha servido a las empresas farmacéuticas para vender sus prescindibles productos. Y todo a costa de un terror creado a partir de la nada.

La tergiversación mediática puede llegar a extremos insospechados, y documentar sobre casos concretos daría para escribir un libro. Los medios pueden crear héroes a base de individuos infames, a la vez que demonios partiendo de seres inocentes. Con razón es llamado el Cuarto Poder. Toda una moral puede ser -y de hecho, es- impuesta de manera uniforme a un público que por pasividad o ignorancia no hace nada por buscar medios alternativos para nutrirse de verdadera -o por lo menos no tan falsa- información.

No tiene perdón, contando actualmente con recursos como Internet, que nadie intente documentarse acerca de todo cuanto le atañe de manera precisa, desconfiando de lo que muestra la tan incomprensiblemente amada televisión.

Al final, como todo, esto queda reducido al grado de voluntad que tiene un individuo para abrir los ojos y comprender cómo es el mundo en realidad, a su fuerza de repulsión ante lo que le es dado así sin más, a su grado de aceptación o rechazo de lo pasivo y elaborado.

Claro que es más fácil quedarse con lo que cuentan que buscar e investigar sobre cualquier hecho. La falta de interés y de voluntad que esgrime el pensamiento único imperante por medio de erróneas idealizaciones en Hollywood y todo el arte de consumo, se traduce en una deshumanización tal que a medida que pasa el tiempo nuestro mundo se asemeja más a la distopía orwelliana.

Incapaz de observar, incapaz de comprender, e incapaz de crear, el hombre moderno asiste como un mero espectador a un teatro llamado Realidad que cada día se supera en lo inhumano y en lo irracional. Hemos necesitado 3 millones de años para pasar de ser monos a simples hormigas, y llegado un momento no cabrá ya posibilidad de involución.