Sombreros Blancos, psicosis del 11-S en EE.UU.

Daniel Patrick Welch | Global Research

Cuando Lois Griffin es elegida alcaldesa de Quahog sacando provecho de las referencias más estúpidas y sin sentido del 11 de septiembre, el público ovaciona. Pero cuando ese mismo escenario se vuelve a repetir una y otra vez en un intento, en gran parte exitoso, de separar a las personas de su intelecto, su conciencia y su instinto de supervivencia, al parecer, nadie sabe ni siquiera lo que está pasando. “¡Nunca olvides!”, gritan los patriotas que agitan sus banderas y las porristas del imperio, como si tal cosa fuera hasta posible.

En los últimos 10 años, cada marcha hacia la Guerra, cada zona permitida para expresarse con libertad (Free Speech Zone), cada paso en la criminalización de la disidencia —todo esta historia se ha realzado, en cada oportunidad, por la repetición sin sentido y la amenaza empapada de temor y fascismo del no preguntar y ni siquiera pensar demasiado profundamente porque “el 11 de septiembre cambió ‘todo’”. Hay una historia tajante y escalofriante que circula por redes sociales (facebook) y otros foros en internet, asociados ya sea a palestinos o a algunas otras víctimas de la furia que el imperio ha descargado para vengar los sucesos de aquel día: “Su 11 de septiembre son nuestros 365 días del año”.

Sin embargo, para los estadounidenses es tal la falta de capacidad para la introspección que al parecer preferimos continuar considerándonos víctimas eternas en lugar de considerarnos iniciadores de una guerra de locos tras otra. En todos los desfiles, los aplausos y toda esa ceremonia y solemnidad de felicitarse a sí mismos con la cual los estadounidenses nos saludábamos por el supuesto asesinato de Osama Bin Laden (aunque considerado un horror por gran parte del mundo), ni siquiera hubo un resquicio de alguna esmerada introspección que uno esperaría de los adultos. En su lugar, parecía existir esta constante recapitulación de la escena de Padre de Familia mencionada anteriormente. No se hacían preguntas, no hubo movimiento eficaz alguno contra las guerras ni interés real alguno en absoluto para luchar por las futuras consecuencias de las acciones de nuestro gobierno. Nada, realmente, más allá de la pregunta desechable: “¿Cuánto costará para sentirnos a salvo otra vez…?”

Es una época verdaderamente depresiva y espantosa para estar vivo. El sistema político está  tan retorcido que los dos partidos políticos del monopolio de los Estados Unidos de América, quienes fingen representar diferentes intereses, están en complicidad con toda la mayor parte de los asuntos más esenciales del día al servicio de los intereses corporativos que pagan sus elecciones. Peor, el electorado aún no se ha dado cuenta, sería poner énfasis en la jactancia más famosa y premonitoria de todos los tiempos de Jay Gould, la cual expresaba que él “podía contratar a una mitad de la clase trabajadora para que mate a la otra mitad”. En efecto, el pueblo está tan engatusado que el círculo político continúa tranquilo, haciendo hincapié en distracciones insignificantes, que no vienen al caso, como por ejemplo, el límite de endeudamiento y la reducción del déficit (¡mientras seguimos gastando más en guerra que todos los demás países del mundo combinados…!). Peor aún, la tan llamada “Izquierda” permite que un presidente Demócrata la arrulle para dormir, un hombre negro aunque parezca increíble, cuyas acciones habrían sido rotunda y correctamente opuesta si hubiera una R después de su nombre en lugar de una D. Qué farsa.

Pero no adelantemos acontecimientos. Cuando la historia se repite, un famoso alemán dijo una vez, sucederá como una tragedia antes que una farsa. Y nosotros estamos tan profundamente bañados en la sangre de muertes y sufrimientos innecesarios que nuestros gobiernos han causado en el nombre de la venganza del 11 de septiembre que sería impertinente pasar por alto la enorme tragedia que todavía no ha terminado. Más de un millón de personas han sido asesinadas en busca de nuestra aparentemente insaciable sed de matar. Es como si los estadounidenses, completamente convencidos de que  somos los buenos de Sombreros Blancos, no tuviéramos la más mínima idea en absoluto de escala o balance. Desde un punto de vista general, y con, incluso, una mirada superficial a los archivos, es terriblemente evidente que la destrucción causada por la política exterior de los Estados Unidos hace que cualquier destrucción hecha en nuestro país parezca totalmente más pequeña. Pero naturalmente siempre ha sido cierto que los objetivos del imperio flotan en ríos de sangre —no aquellos de los mismos imperialistas. Como Robert Emmet dijo acertadamente al juez que lo sentenció a muerte:  “…si fuera posible juntar toda la sangre que usted ha derramado en su ministerio impío en un reservorio,  Su Señoría podría nadar en el”.

Libia es el último boleto que se perforará en el Viaje de Estados Unidos al Infierno en el Plan de Financiación. El bombardeo excesivo con bombas teledirigidas estadounidenses  sobre  otro país soberano en realidad comenzó a perder validez por un momento. El relato de la OTAN sobre el asesinato del nieto y el yerno de Gaddafi fue en realidad para comenzar a imponerse y causar tensión entre los aliados de la OTAN. Mmm… algunos comenzaron a pensar finalmente. Quizá tal barbaridad es un poco impropia para los herederos de la grandiosa tradición de Civilizar a los Nativos. De hecho, me acababa de sentar para  escribir un artículo cuando toda la línea argumental se vio interrumpida tras el anuncio de emergencia del asesinato de Bin Laden y de  los demás que vivían en el complejo habitacional.

Así que con la nueva inspiración proveniente del cowboy y la súper venganza de la matanza del 11 de septiembre (quien, según el FBI, no pudo ser enjuiciado por falta de pruebas), el bombardeo de Libia se reanudó formalmente. No cometan errores —la OTAN necesitaba totalmente cada gota de ayuda política, logística y financiera que obtuviera de los estadounidenses. Los militares de Estados Unidos estuvieron involucrados en prácticamente cada paso del horrible proceso —esta era la guerra de Obama, con una huella estadounidense intencionadamente oculta. Los únicos engañados, como se puede apreciar, terminan siendo los estadounidenses y los europeos. 30.000 bombas cayeron como lluvia torrencial sobre Libia entre marzo y, bueno, aún siguen cayendo, ¿lo sabían? Matando a quizás otras 60.000 personas para agregar a la lista de víctimas mortales de guerra causadas por el imperio. Es simplemente impropio llorar por las muertes de una manera tan sensiblera y a la vista de todo el mundo cuando los negros en Libia están siendo acorralados, torturados, ultrajados, encarcelados y asesinados por matones representantes de los Estados Unidos. Una vez más, decenas de miles de personas incineradas desde el aire mientras defienden a su país, más de 50.000 soldados estadounidenses asesinados en Vietnam (y absolutamente poco más  de 2 millones de personas del sudeste asiático que murieron allí). Pero claro, son solamente “nuestras” muertes las que cuentan —este es el mundo de fantasía de las personas que siempre creen ser los que usan el Sombrero Blanco. Pero si los lectores amablemente se animan a tolerarotra cita más de Padres de Familia, mencionaré la de Stewie: “ ¡Algún día… recibirás tu merecido!”.

Fuentehttp://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=26684

Texto original en inglés9/11 and Americans’ Remarkable Incapacity for Self-reflection

Traducido por Silvana Mellino

© 2011 Daniel Patrick Welch. Se permite la reimpresión con reconocimiento y enlace a http://danielpwelch.com.

Daniel Patrick Welch : Cantante, lingüista y activista Daniel Patrick Welch vive y escribe en Salem, Massachusetts, con su esposa, Julia Nambalirwa-Lugudde. Juntos administran la escuela The Greenhouse School [http://www.greenhouseschool.org]. Existen traducciones de los artículos disponibles en más de 24 idiomas. Se agradecen los enlaces al sitio de red.

Los atentados del 11-S: ¿una excusa perfecta?

Redacción: Atilio A. Boron | Rebelión

Cumplidos los diez años de los ataques del 11 de Septiembre del 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono son cada vez más las preguntas que aún están a la espera de una respuesta convincente. La reciente conmemoración de un nuevo aniversario no hizo sino acrecentar la sospecha de que hay mucha información de gran importancia que no ha sido puesta a disposición del público, y que un imponente operativo de ocultamiento de lo que verdaderamente ocurrió se puso en marcha desde el mismo día de los incidentes.

No obstante, más allá de esta percepción lo cierto es que los acontecimientos del 11/S signaron el comienzo de una nueva etapa en la historia del imperialismo, caracterizada por una militarización sin precedentes de la escena internacional que instaló a la diplomacia en un lugar subordinado al estruendo de las bombas y las mortíferas estelas de la cohetería. Podría decirse, sin exagerar un ápice, que de aquella sólo sobrevive la pompa y el protocolo porque su sustancia y su agenda la definen hoy día los señores de la guerra. Esto es más que evidente en el caso de los Estados Unidos, donde el desplazamiento del Departamento de Estado a manos del Pentágono abona con elocuencia lo que venimos diciendo. Corolarios de esta tendencia son la adopción de una nueva doctrina estratégica: la “guerra infinita”, o la “guerra global contra el terrorismo” sin enemigo claramente definido ni plazo previsible de terminación de las hostilidades; la reafirmación de la primacía del “complejo militar-industrial” en el bloque dominante, cuya sobrevivencia y cuya tasa de ganancia dependen sin mediaciones del negocio de la guerra; y la impresionante escalada del gasto militar estadounidense que, sumando todos sus componentes, acaba de superar holgadamente el millón de millón de dólares –o un billón de dólares- cifra que hasta apenas unos pocos años atrás era considerada como inalcanzable por los expertos en cuestiones militares. El enigmático 11-S precipitó todas estas calamidades. A los cerca de tres mil muertos de ese día en Nueva York (es muy poco lo que se sabe de las víctimas del atentado al Pentágono y la caída del avión que se dirigía a Camp David) hay que agregar los casi seis mil quinientos soldados estadounidenses caídos en las guerras desencadenadas para “combatir al terrorismo islámico” en Irak y Afganistán y, por supuesto, los centenares de miles masacrados sobre todo en el primero de los países nombrados. Incidentalmente: el costo de esas dos guerras medido en valores constantes asciende a un número que es casi el doble del que se alcanzara la guerra de Vietnam. Si Osama Ben Laden quería desangrar económicamente a Estados Unidos hay que reconocer que ese objetivo ha sido logrado en buena medida.1 En esta misma línea Noam Chomsky observó que según Eric Margolis, un experto en el tema, Osama había afirmado en numerosas ocasiones “que el único camino para sacar a EEUU del mundo musulmán y derrotar a sus sátrapas era involucrar a los estadounidenses en una serie de pequeñas pero onerosas guerras que les llevaran finalmente a la bancarrota … ‘Sangrar a Estados Unidos’, en sus propias palabras”.2

Al luctuoso saldo arriba descripto deberían añadirse las ochocientas mil víctimas ocasionadas por el bloqueo decretado en contra de Irak luego de la primera Guerra del Golfo (Agosto 2, 1990 – Febrero 28, 1991), bloqueo iniciado por el gobierno conservador de George H. W. Bush padre y continuado por la administración “progresista” de Bill Clinton. Interrogada sobre si este silencioso holocausto que precedió al 11-S en Irak había valido la pena -a pesar de que en su gran mayoría las víctimas habían sido niños- la ex Secretaria de Estado de Clinton dijo sin titubear que sí. Luego de los atentados Washington no tardó en identificar a sus autores como perteneciendo a Al Qaida y casi todo el mundo musulmán se convirtió en sospechoso mientras no probara lo contrario; el jefe de esa organización, un antiguo colaborador de la CIA en Afganistán, Osama ben Laden, fue declarado enemigo público número uno de Estados Unidos y del “American way of life” y, para sorpresa de los entendidos, el odiado enemigo de Osama, Saddam Hussein, aparecía ahora en los comunicados de Washington como su aliado y protector en un Irak que, a juicio de la Casa Blanca, disponía de un mortal arsenal de armas de destrucción masiva.

Decíamos que las interrogantes son muchas, lo que ha dado lugar en los últimos años a la proliferación de una serie de explicaciones alternativas que ganan cada vez más adeptos.. Encuestas levantadas en los últimos años coinciden en señalar que uno de cada tres estadounidenses creen que los ataques del 11-S fueron elaborados y/o ejecutados con la complicidad de funcionarios del gobierno federal (militares, CIA, FBI u otra organización); un 16% cree que las Torres Gemelas y la torre número 7 -¡que no fue atacada por ningún avión y sin embargo se derrumbó en horas de la tarde!- fueron demolidas con explosivos y un 12% cree que fue un misil tipo crucero lo que impactó al Pentágono. Por supuesto, hay un verdadero aluvión de datos en una y otra dirección que se han puesto en juego para justificar estas interpretaciones. Y si bien algunas de ellas fueron refutadas, las preguntas que quedan en pie tienen suficiente espesor como para alimentar todo tipo de conjeturas.

Sucintamente, las versiones más verosímiles de las teorías alternativas (que no por casualidad la prensa del sistema estigmatiza como “conspirativas”) insisten en señalar que si bien las torres fueron embestidas por dos aviones comerciales la forma en que se produjo su desplome –el ángulo de la caída, su velocidad, existencia de residuos de explosivos entre los escombros- se encuadra nítidamente en lo que se conoce como “demolición controlada.” El sitio web de un numeroso grupo de expertos reunidos en una asociación denominada “Académicos por la Verdad del 11-S” observa que según lo declarara una experta en ingeniería mecánica, la profesora Judy Wood, si alguien hubiera arrojado una bola de billar desde el techo de las Torres Gemelas hubiera demorado 9.22 segundos en llegar al piso. Las torres, en cambio, recorrieron ese mismo trayecto en 8 segundos, lo que hubiera sido imposible de no haber mediado una explosión en sus propios cimientos.

Más todavía: siempre se habla de las Torres Gemelas, pero la prensa y la versión oficial del gobierno norteamericano omite el hecho de que el Edificio Nº 7 del complejo del World Trade Centertambién se desplomó. Este misterioso suceso ocurrió a las 4.56 pm del mismo 11-S, es decir unas ocho horas después del derrumbe de las Torres Gemelas y sin que hubiera sido impactado por un avión. Ese edificio albergaba, entre otras agencias del gobierno federal, algunas oficinas del Servicio Secreto, de la CIA, del Servicio de Impuestos Internos y la unidad de lucha contra el terrorismo de la ciudad de Nueva York. La forma como se derrumbó, otra vez, se ajusta nítidamente al modelo de la “demolición controlada”.

No son menores las dudas que suscita lo ocurrido en el Pentágono, donde el avión que supuestamente se incrustó en sus paredes prácticamente se pulverizó en el aire, y sin haberse encontrado ningún resto significativo ni de sus motores, sus alas, la cola y su tren de aterrizaje. Tampoco se encontraron restos de las butacas o de los cuerpos de los pasajeros, todo lo cual abonaría la teoría de que, en realidad, lo que impactó sobre el Pentágono fue un misil crucero. Todas estas hipótesis, que contradicen la versión oficial de Washington, fueron ganando credibilidad por la acción del ya mencionado grupo de académicos y en el cual revistan ingenieros, arquitectos y científicos de diferentes especialidades que coinciden en señalar que la caída de las torres y el edificio Nº 7 remiten indiscutiblemente a la existencia de explosivos que fueron estratégicamente colocados en los cimientos de esas instalaciones, con lo cual se abre el interrogante de cómo tal cosa fue posible en edificios sometidos a rigurosísimos controles de acceso imposibles de sortear sin alguna forma de cooperación con quienes tenían a su cargo la seguridad del edificio.

Otros antecedentes son igualmente inquietantes: ¿es razonable pensar que 19 ciudadanos extranjeros –la mayor parte de los cuales tenían pasaportes o visas vencidas, hubieran podido todos ellos ingresar armados a cuatro aviones comerciales? ¿Cómo interpretar el hecho de que en los meses anteriores al 11-S la fuerza aérea estadounidense hubiera realizado 67 intercepciones exitosas de vuelos ilegales y errantes y sin embargo en ese aciago días 4 aviones pudieron salir de su curso sin que ninguno fuera interceptado. El que supuestamente habría impactado en el Pentágono se mantuvo fuera de su ruta durante un lapso de 40 minutos sin que hubiera sido interceptado por ningún avión caza norteamericano.

Las preguntas y los cuestionamientos serían interminables. Y la larga tradición de engaños y ocultamientos de Washington excita la imaginación de los conspiracionistas. Todavía está fresca la colosal mentira pergeñada por la Casa Blanca en relación al asesinato de John F. Kennedy, según la cual el magnicidio fue obra de un personaje alienado. Esta absurda versión fue refrendada por el llamado Informe Warren de la Corte Suprema de los Estados Unidos, la que en un texto de 888 páginas sostiene esa tesis. El informe fue despedazado por los críticos y, sin embargo, permanece como la versión oficial del asesinato de JFK Mentiras semejantes fueron expresadas por el gobierno de los Estados Unidos a lo largo de la historia. En Febrero de 1898 estallaba el crucero Maine anclado en el puerto de La Habana, donde había llegado para “proteger” los intereses norteamericanos amenazados por el inminente triunfo de los patriotas cubanos sobre los colonialistas españoles. Estados Unidos acusó a España del atentado, que ocasionó la muerte a gran parte de su tripulación, y de ese modo justificó su intromisión en el conflicto: le declaró la guerra a España, ya vencida por los cubanos, y se quedó con Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Mintió también cuando oficialmente declaró, al día siguiente de haber arrojado la bomba atómica en Hiroshima, que no había rastros de radiación nuclear en la zona. Antes, hay muchos que sostienen que la Casa Blanca sabía del inminente ataque japonés a Pearl Harbour, y dejó que suceda porque volcaría la opinión pública que hasta ese momento no quería que el país entrara en la Segunda Guerra Mundial. Y volvió a mentir cuando aseguró que había armas de destrucción masiva en Irak. Mintió mil veces al calumniar a la Revolución Cubana desde el 1º de Enero de 1959, como lo hizo al acusar a los gobiernos de Salvador Allende, Juan Bosch, Jacobo Arbenz y tantos otros. Y miente hoy, descaradamente, al acusar de cómplices del terrorismo y el narcotráfico a gobiernos como los de Raúl Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. Mentiras, conviene recordarlo, que se ocultan tras una montaña de víctimas.

El informe oficial preparado en relación al 11-S adolece de una total falta de credibilidad. Sus defensores descalifican a sus críticos tildándolos de “conspiracionistas”. Pero, ¿no existen acaso suficientes interrogantes para concluir que si hay una conspiración esa es la que emana desde la Casa Blanca, con su sistemático ocultamiento de todas las evidencias que contradicen la historia oficial? Los críticos de esta historia sostienen dos hipótesis: o que el gobierno de EEUU sabía del atentado que realizarían los terroristas y dejó que ocurriera; o que fueron algunas agencias federales quienes planearon y ejecutaron el operativo porque crearía las condiciones necesarias para avanzar en su agenda política y, en lo inmediato, justificar su apoderamiento de Irak y su gran riqueza petrolera. Según analistas norteamericanos muy bien informados era un secreto a todas voces que en las discusiones del gabinete de George W. Bush en vísperas de la tragedia se decía que para invadir Irak y apoderarse de su petróleo era necesario contar con una buena coartada. Los atentados del 11-S ofrecieron la excusa perfecta. Tal vez algún día sepamos la verdad. Pero la conspiración de silencio pergeñada por la Casa Blanca no autoriza ser demasiado optimistas al respecto.

 

[Más información sobre el tema en:

http://www.ae911truth.org/ Arquitectos e ingenieros por la verdad del 11-S

http://911scholars.org Académicos por la verdad del 11-S

http://stj911.org Académicos por la verdad y la justicia del 11-S]

 

Fuentehttp://www.rebelion.org/noticia.php?id=135885

Ejércitos privados: el negocio de la guerra

La Inquisición – 17/09/2011

En un mundo que tiende al anarcocapitalismo, los estados soberanos pierden cada vez más autonomía, competencias y poder a favor de que éstos recaigan en los grandes capitales, que los adquieren a precios muy por debajo de su valor real. Las guerras ya no atienden a intereses nacionales ni populares, sino a intereses de mercado. La guerra, hoy en día, es un negocio perpetrado por las grandes multinacionales para sacar provecho del sufrimiento humano y de la miseria planificada. Desde empresas que reconstruyen lo destruido hasta otras que ofrecen nuevos productos a una población masacrada, todas disfrutan de un público bien necesitado al que explotar y/o vender artículos. Así, la guerra se ha convertido en un factor más necesario para la persistencia del capitalismo. Constituye una parte intrínseca de él y mientras éste no se destruya, las guerras seguirán surgiendo como si de un acontecimiento natural más de tratase.

Concretamente, nos vamos a centrar en un tipo de empresa de las muchas que se aprovechan de la desgracia humana para sacar provecho: las empresas de contratistas privados, o mercenarios. Se trata de empresas como cualquier otra, con sus oficinas y su sede fiscal, llegando incluso a cotizar en bolsa.

La participación de ejércitos privados en las guerras contemporáneas ha crecido exponencialmente. La implicación de compañías de mercenarios en la guerra de Irak evidencia esta denuncia. Son varias compañías de este tipo las que operan en suelo irakí -36- empleando a miles de mercenarios -25.000 en el año 2005-, la mayoría veteranos de guerra con una magnífica formación militar.

Logo de Blackwater

Estas empresas privadas sustituyen así a los ejércitos regulares de cada nación, lo que supone una serie de ventajas considerables de cara a la labor desinformativa que ejercen los massmedia sobre las guerras neocolonialistas. Una de esas ventajas es que su banda de acción es ilimitada al no estar regidos por las leyes internacionales que controlan a los ejércitos regulares, de tal manera que estos mercenarios pueden cometer cualquier tipo de exceso saliendo impunes. Otra de las ventajas es que el número de mercenarios que mueren en la guerra nunca se verá reflejado en las listas oficiales de fallecidos del gobierno ocupante, pues pertenecen a empresas privadas y no al ejército regular, así que su muerte puede ser tratada como un accidente laboral más, sin llegar a considerarse que han sido muertes en el marco de un conflicto bélico. De esta manera el gobierno que procedió a la invasión no sufrirá el desgaste de popularidad que se merece al desinformar sobre el número real de muertes. Además, un contratista privado cobra aproximadamente tres veces más que un soldado regular, lo que genera una tendencia por parte de los soldados a alistarse antes en este tipo de empresas que en el ejército nacional.

Con todo esto, muchas veces las autoridades locales de los países ocupados consideran a los mercenarios en un mismo estatus que los soldados regulares.

Hablando ahora de nombres propios, las empresas que se dedican a estas actividades, por poner algunos ejemplos, son: Executive Outcomes, Sandline Kroll Aegis, Triple Canopy, Control Risks, Armor Group y Blackwater. La mayoría son estadounidenses y británicas, siendo Londres la mayor sede de empresas militares privadas.

Ésta última, Blackwater, estadounidense, ha protagonizado varios acontecimientos reprobables, como una masacre que tuvo lugar en pleno centro de Falujah. El gobierno irakí incluso llegó a retirar la licencia a Blackwater para actuar en su territorio. Sin embargo, Blackwater USA cambió su nombre por el de “Xe” con el fin de limpiar su imagen tras estos hechos.

Estas empresas generan alrededor de 150.000 millones de dólares anualmente, lo que pone de manifiesto la rentabilidad de la guerra para este tipo de industria de la muerte y la destrucción. La mayoría de esos ingresos proceden de los gobiernos estadounidense y británico, además de los servicios secretos de estos dos países (CIA y MI6, respectivamente). Por su parte, empresas de extracción de petróleo y diamantes también solicitan sus servicios, aunque constituyen una menor fuente de ingresos comparado con lo que facturan por su presencia en Irak y Afganistán. Cabe decir que un 20 % del presupuesto para la reconstrucción de Afganistán está destinado a las empresas de seguridad privada.

La guerra es negocio y el capitalismo necesita de ella para persistir.

EE.UU.: La creación del Estado Palestino es “contraproducente”

La Inquisición – 17/09/2011

Esas han sido las declaraciones del portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Mark Toner, ante el anuncio que dio del Jefe de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, en el que afirmaba que iba a solicitar ante la ONU el reconocimiento de Palestina como estado.

Estados Unidos ya ha dejado claro que vetará la hipotética resolución porque no creen que sea forma de solucionar el problema. Por lo que respecta al país norteamericano que la posible futura solución llegue de las manos de un acuerdo entre partes iguales no es considerada viable, porque la reconsideración de las fronteras y la gestión de los campos de refugiados pueden traer más problemas que remedios. Y efectivamente en eso hay bastante razón. ¿Cederá Israel ante las exigencias de Abbas de volver a las fronteras de 1967?

Jamás se llegara un acuerdo entre ambas partes. Hay que tener siempre presente que el objetivo inmediato del Sionismo es el exterminio del pueblo palestino, y más a largo plazo acabar con el resto de árabes que ahora habitan Eretz Israel.

Proclamar un Estado Palestino sería dar un paso atrás. Israel es en gran parte impune ante la ONU porque está ocupando un territorio no reconocido por ésta. Un trato entre iguales sería, en efecto, “contraproducente” de cara a la solución final, que no es la paz como EE.UU. y la U.E. (que nunca Israel) declaran, sino el Holocausto Árabe.

Ex-Jefe de la Inteligencia pakistaní: “El 11-S fue obra de los NeoCons”

Ya que esos días hemos estado conmemorando el décimo aniversario de la masacre neoyorquina, dejo aquí un vídeo de otra personalidad que atribuye los atentados a un trabajo interno, el general Hamid Gul. Son muchas las bocas que hablan, pero desde luego ni la televisión ni la radio darán soporte a que se oigan esas voces. Seguirán intentando estimular el uso el cerebro reptiliano de la audiencia en vez de la parte racional y crítica de la cabeza, haciendo énfasis en la tragedia en sí y repitiendo orwellianamente las imágenes de las colisiones y los derrumbamientos una y otra vez. Nunca enfocarán el asunto desde una perspectiva global, nunca indagarán en los intereses ni las implicaciones socioeconómicas de esta barbarie. No vaya a ser que alguien se de cuenta de lo evidente.

Nada nuevo para nosotros en las declaraciones de este hombre.

La santa cruzada de Estados Unidos contra el mundo musulmán

Redacción: Michel Chossudovsky | Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Hemos llegado a una transición decisiva en la evolución de la doctrina militar estadounidense. La “guerra global contra el terrorismo” dirigida contra al Qaeda y emprendida tras el 11 de septiembre está evolucionando hacia una “guerra de religión” con todas las de la ley, a una “santa cruzada” contra el mundo musulmán.

El dogma militar y la guerra de propaganda estadounidenses bajo el gobierno Bush se basaban más en combatir el fundamentalismo islámico que en atacar a los musulmanes. “Esto no es una guerra entre Occidente y el Islam, sino … una guerra contra el terrorismo”. Hay que distinguir a los llamados “buenos musulmanes” de los “malos musulmanes:

    Apenas se había asentado el polvo de las derrumbadas Torres Gemelas el 11 de septiembre cuando empezó una búsqueda febril de “musulmanes moderados”, personas que proporcionarían respuestas, que se distanciarían de esta atrocidad y condenarían los actos violentos de los “extremistas musulmanes”, “fundamentalistas islámicos” e “islamistas”. Rápidamente emergieron dos categorías de musulmanes: los “buenos” y los “malos”; los “moderados”, “liberales” y “laicos” frente a los “fundamentalistas”, “extremistas” e “islamistas” (Tariq Ramadan, “Good Muslim, Bad Muslim, New Statesman, 12 de febrero de 2010, http://www.newstatesman.com/religion/2010/02/muslim-religious-moderation)

Tras el 11 de septiembre la comunidad musulmana en la mayoría de los países occidentales estaba claramente a la defensiva. La división entre “buen musulmán” y “mal musulmán” se aceptaba ampliamente. Los atentados del 11 de septiembre supuestamente cometidos por musulmanes no sólo fueron condenados, sino que comunidades musulmanas también apoyaron la invasión y ocupación estadounidense y de la OTAN de Afganistán e Iraq como parte de una campaña dirigida contra el fundamentalismo.

La comunidad musulmana raramente ha reconocido el hecho de que los atentados del 11 de septiembre no fueron instigados por musulmanes. No se menciona la continua relación de al Qaeda con la CIA, tampoco se menciona su papel como una “baza de inteligencia” patrocinada por Estados Unidos en la época de la guerra soviético-afgana (Michel Chossudovsky “America’s “War on Terrorism””, Global Research, Montreal, 2005, http://www.globalresearch.ca/globaloutlook/truth911.html)

Desde principios de la década de 1980 Washington ha apoyado de manera encubierta a las facciones más conservadoras y fundamentalistas del Islam, en gran parte con vistas a debilitar los movimientos laicos, nacionalistas y progresistas de Oriente Medio y Asia Central. Tal como es sabido y está documentado, los servicios de inteligencia estadounidenses apoyaron de forma encubierta las misiones fundamentalistas wahhabi y salafi de Arabia Saudí, enviadas no sólo a Afganistán sino también a los Balcanes y a las repúblicas musulmanas de las antiguas repúblicas soviéticas (Ibid.). Lo que se suele denominar “Islam político” es en gran parte creación del aparato de inteligencia estadounidense (con el apoyo de [los servicios de inteligencia] MI6 británico y Mossad de Israel).

La mezquita de la Zona Cero

Acontecimientos recientes sugieren un límite, una transición desde la “guerra contra el terrorismo” a la demonización categórica de los musulmanes. Al mismo tiempo que pone de relieve la libertad de culto, el gobierno Obama está “pregonando a bombo y platillo” una guerra más amplia contra el Islam:

    “Como ciudadano y como presidente, creo que los musulmanes tiene el mismo derecho a practicar su religión que cualquier otra persona en este país… Esto es Estados Unidos y nuestro compromiso con la libertad de culto debe ser inquebrantable” (citado en “Obama Backs Ground Zero Mosque; Iranian Link Questioned”, Israel National News, 15 de agosto de 2010,http://www.israelnationalnews.com/news/news.aspx/139113 )

Tras la cortina de humo política se está descartando la distinción entre “buenos musulmanes” y “malos musulmanes”. Supuestamente la anunciada mezquita de la Zona Cero está siendo financiada por “el radical Estado canalla de Irán … mientras Estados Unidos está redoblado las sanciones contra el régimen [iraní] en represalia por su apoyo al terrorismo y lo que se teme que sea un programa ilegal de desarrollo de armas nucleares” (“Ground Zero mosque developers refuse to outright reject funding from Iranian president Mahmoud Ahmadinejad, NYPOST.com, 19 de agosto de 2010,http://www.nypost.com/p/news/local/manhattan/builders_leave_door_open_to_unholy_NadIfsGSyhBFOmsS7S2QOL ).

La creciente oleada de xenofobia, desencadenada por la propuesta de hacer una mezquita y un centro comunitario en la Zona Cero, tiene toda la apariencia de una PSYOP (Operación Psicológica) que contribuye a fomentar el odio contra los musulmanes en todo el mundo occidental.

El objetivo es infundir temor, despertar y utilizar el firme apoyo de los ciudadanos a la próxima etapa de la “larga guerra” de Estados Unidos que consiste en emprender ataques aéreos “humanitarios” contra la República Islámica de Irán, a la que los medios de comunicación retratan como un país que apoya a los terroristas.

Aunque “no todos los musulmanes son terroristas”, los medios de comunicación informan de que todos los atentados terroristas (planeados o realizados) los han perpetrado musulmanes.

En Estados Unidos se está atacando a la comunidad musulmana en su conjunto. Se describe el Islam como una “religión de guerra”. Se está anunciando la propuesta de levantar una mezquita y un centro comunitario como “una violación de la santidad de la Zona Cero”.

“Terroristas locales”

Tanto las detenciones en base a acusaciones falsas como los juicios espectáculo de supuestos terroristas islámicos “locales” desempeñan una importante función. Mantienen la impresión en la conciencia íntima de los estadounidenses de que los “terroristas islámicos” no sólo constituyen una amenaza real sino que la comunidad musulmana a la que pertenecen apoya ampliamente sus actos:

    La amenaza proviene cada vez menos de extranjeros con un inglés rudimentario y pasaportes dudosos. En vez de ello, reside mucho más cerca de casa: en las casa unifamiliares urbanas, sótanos oscuros, en cualquier lado con una conexión. Los terroristas locales son la última encarnación de la amenaza de al-Qaeda (“How terror came home to roost”, Ottawa Citizen, 27 de agosto de 2010, http://www.ottawacitizen.com/news/terror+came+home+roost/3452887/story.html, informa sobre un supuesto ataque terrorista en Canadá).

Desde un proceso de atacar selectivamente a musulmanes con tendencias radicales (o supuestamente asociados con “organizaciones terroristas”), lo que se está desarrollando ahora es un proceso generalizado de demonización de todo un grupo de población.

Los musulmanes son cada vez más objeto de una discriminación rutinaria y del perfil étnico. Se les considera una amenaza potencial a la seguridad de la nación. Se dice que la amenaza está “mucho más cerca de casa” , “en tu barrio”, en otras palabras, lo que se está desarrollando es una caza de brujas total que recuerda a la Inquisición española.

En cambio, se describe a al-Qaeda como una poderosa organización terrorista multinacional (que posee armas de destrucción masiva) con filiales en los países musulmanes: se presenta a al-Qaeda (con sus correspondientes acrónimos) en varios puntos geopolíticos conflictivos y escenarios de guerra:

-Al Qaeda en Iraq (AQI), Al Qaeda la Península Arábiga (AQAP) (compuesta de al-Qaeda en Arabia Saudí y la Yihad Islámica de Yemen), al-Qaeda en el sudeste de Asia (Yamaa Islamiya), Organización al-Qaeda en el Maghreb islámico, Harakat al-Shabaab Muyahidin en Somalia, la Yihad Islámica egipcia, etc.

Las fuerzas de ocupación no consideran en ningún momento que las atrocidades cometidas contra varios millones de musulmanes en Iraq y Afganistán sean actos terroristas.

La Inquisición estadounidense

Se está desarrollando una “guerra de religión” con vistas a justificar la cruzada militar global. En la conciencia íntima de muchos estadounidenses la “santa cruzada” contra los musulmanes está justificada. Aunque el presidente Obama confirme la libertad de culto, el orden social inquisitorial estadounidense ha institucionalizado modelos de discriminación, prejuicio y xenofobia en contra de los musulmanes. El perfil étnico se aplica para viajar, al mercado laboral, al acceso a los servicios sociales y más generalmente a la movilidad social.

La Inquisición estadounidense tienen un constructo ideológico que en muchos sentidos es similar al orden inquisitorial prevaleciente en Francia y España durante la Edad Media. La Inquisición, que empezó en Francia en el siglo XII, se utilizó como justificación de la conquista y de la intervención militar (véase Michel Chossudovsky, 9/11 and the “American Inquisition”, Global Research, 11 de septiembre de 2008, http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=10144).

Las detenciones, juicios y condenas de los llamados “terroristas locales” (procedentes de la comunidad musulmana de Estados Unidos) en base a acusaciones falsas mantiene la legitimidad del Estado de Seguridad Nacional y su aparato legal y de aplicación de la ley inquisitorial.

Una realidad inquisitorial pone la realidad del revés. Es un orden social basado en mentiras e invenciones. Pero debido a que estas mentiras emanan de la más alta autoridad política y forman parte de un amplio “consenso”, invariablemente permanecen incontestadas. Y quienes discuten el orden inquisitorial o se oponen de cualquier manera a la agenda miliar o de seguridad nacional de Estados Unidos son calificados ellos mismos de “terroristas de la conspiración” o de rotundos terroristas.

Más allá de este proceso de detenciones y persecución inquisitorial, que supera a la Inquisición española, la Casa Blanca ha lanzado un oportuno programa de asesinatos extrajudiciales que permite a las fuerzas especiales estadounidenses asesinar a ciudadanos estadounidenses y a personas sospechosas de ser terroristas locales: “¿Una lista de ciudadanos estadounidenses preseleccionados que son objetivo específico de asesinatos?” (Véase Chuck Norris Obama’s US Assassination Program? “A Shortlist os US Citizens specifically Targeted for Killing”?, Global Research, 26 de agosto de 2010,http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=20779 ).

El objetivo es mantener la impresión de que “Estados Unidos está siendo objeto de ataque” y que los musulmanes de todo el país son cómplices del “terrorismo islámico” y lo apoyan.

La demonización de los musulmanes mantiene una agenda militar global. Bajo la inquisición estadounidense Washington tiene un autoproclamado mandato santo de extirpar el Islam y “expandir la democracia” por el mundo.

Con lo que nos enfrentamos es con la aceptación ciega y total de las estructuras de poder y de la autoridad política. La santa cruzada de Estados Unidos contra el mundo musulmán es un flagrante acto criminal dirigido contra millones de personas.

rJV

Fuente: Global Research ; vía: Rebelión.


Otra ilegalidad de Blackwater

Redacción: Página/12 – 27/08/2010

La empresa Xe Services, antigua Blackwater, dio capacitación militar en Colombia entre abril y mayo de 2005, sin el debido permiso de Estados Unidos y violando los reglamentos sobre el tráfico y la exportación de armas, al menos en 200 ocasiones, de acuerdo con un documento filtrado ayer a la prensa. La antigua Blackwater llegó un acuerdo con el Departamento de Estado mediante el cual se comprometió a pagar una multa de 42 millones de dólares para evitar ir a juicio.

Ese acuerdo, publicado ayer en el diario oficial del gobierno (Federal Register), se centró principalmente en las operaciones de seguridad que la empresa realizó en Irak y Afganistán. Varios medos publicaron ayer el documento de 41 páginas del Departamento de Estado, fechado el pasado 13 de agosto que revela que una de esas violaciones tuvo que ver con la capacitación militar no autorizada que Blackwater dio en Colombia en 2005. Esa capacitación militar sin permiso, según el documento, violó el Reglamento sobre Tráfico Internacional de Armas (ITAR, en inglés). El documento señala que la antigua Blackwater dio “capacitación militar a extranjeros de Colombia” y a filipinos en su país antes de obtener “las autorizaciones requeridas” a través de las llamadas licencias “DSP-5” que otorga el Departamento de Estado.

Esos permisos o licencias detallan el tipo y lugar de capacitación que se realiza en el exterior con la venia de Estados Unidos, pero el Departamento de Estado no se enteró de la conexión de Blackwater con Colombia hasta octubre de 2008. “Los colombianos y filipinos recibieron capacitación y fueron desplegados como nacionales de terceros países en respaldo de un contrato con el Departamento de Estado”, indicó la empresa en el documento.

“Cada extranjero colombiano y filipino tuvo que recibir permiso con el nivel de riesgo moderado y fue aprobado por el Departamento de Estado antes de su despliegue, en cumplimiento con el contrato”, agregó la empresa. La empresa explicó que cuando sometió la solicitud para esos permisos, en 2005, “había un malentendido general entre el personal (de Blackwater) de que simplemente someter una solicitud para una licencia bastaba para comenzar la capacitación”, según el documento, que no identifica quiénes o qué grupos recibieron ese entrenamiento en Colombia.

Fuente: Página12.

Fidel Castro discute con Chávez el riesgo de una guerra nuclear

Redacción: RT – 26/08/2010

Últimamente Fidel Castro expresó varias veces su preocupación sobre una guerra nuclear que, de acuerdo con el líder cubano, se aproxima “aceleradamente”, y volvió a discutir el tema con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante un encuentro en La Habana este miércoles.

En sus recientes artículos y discursos, Fidel Castro a menudo advirtió a la comunidad internacional sobre un “terrible” conflicto nuclear inminente. Según el comandante, esta “catástrofe” podría arrancar como un conflicto regional y luego llegar a escala mundial.

Castro arguyó que la guerra se desencadenaría tras el enfrentamiento de EE. UU. e Israel contra Irán, que es inevitable desde el momento en que se apliquen las sanciones aprobadas contra la República Islámica por eparte del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante la “emotiva y fraternal” reunión, Castro y Chávez analizaron la actualidad internacional, prestando especial atención a los “graves riesgos de una guerra nuclear que se cierne sobre la humanidad”.

Hugo Chávez destacó el papel de Fidel Castro para lograr a una compresión de estos riesgos. También mostró su satisfacción por el perfecto estado de la salud del comandante. Por su parte, Castro presentó a Chávez algunos capítulos de su nuevo libro ‘La contraofensiva estratégica’ que narra la lucha revolucionaria de los rebeldes cubanos en los años 1958-1959.

En la segunda parte de su visita a la isla, el presidente de Venezuela mantuvo negociaciones con Raúl Castro, con quién analizó el desarrollo de los “ejemplares vínculos bilaterales”.

Fuente: RT.

Soldado israelí se mofa de prisioneros palestinos

Redacción: Tribuna de Europa – 19/08/2010

TdE/Una joven, ex soldado israelí, ha colgado en su perfil de Facebook dos fotografías hechas durante su servicio militar en las que aparece sonriente junto a palestinos esposados y con los ojos vendados.

Eden Aberyil, la ex soldado colgó las imágenes en un álbum titulado ‘El Ejército, la mejor parte de mi vida’, en referencia a su servicio militar, obligatorio en Israel durante tres años para los hombres y dos en el caso de mujeres.

En una de las instantáneas, aparentemente tomadas en 2008, Aberyil aparece sentada junto a un detenido palestino que está apoyado en un muro con las manos esposadas a su espalda y los ojos vendados.

En la otra se la puede ver en primer plano, con el mismo arrestado y otros dos más de mediana edad de fondo.

Entre los comentarios de sus amigos rezan.

Así eres la más sexy”, “Seguro que se han empalmado por culpa tuya”.

En su perfil de Twitter, la músico y bloguera israelí Dan Ya Shwartz asegura que preguntó a Aberyil a través de Facebook por qué había colgado las fotos y recibió por respuesta: “No entiendo por qué andas fisgoneando en los perfiles de la gente en Facebook para siempre encontrar lo malo. Dedícate a cosas más importantes”.

Según la edición digital del diario ‘Haaretz’, otra bloguera, Lisa Goldman, hizo algo similar y recibió por respuesta: “No hablo con izquierdistas”.

Las fotos se convirtieron en pocas horas en la comidilla de blogs y páginas de internet de izquierdas hasta el punto de que el Ejército israelí y el Gobierno palestino acabaron emitiendo comunicados al respecto.

El Ejército no tiene la potestad de impedir la publicación de las fotos porque Aberyil ya ha acabado el servicio militar.

Para el Gobierno palestino, las fotos “muestran la mentalidad del ocupante, orgulloso de humillar a los palestinos“.

“Nada en el mundo puede justificar esta humillación que forma parte de las prácticas diarias de la ocupación israelí. La ocupación es injusta, inmoral y, como muestran esas imágenes, moralmente degeneradora“, agrega.

El director de la organización israelí Comité Público contra la Tortura, Yishai Menuhin, señaló que “este tipo de fotografías reflejan la norma habitual de los soldados israelíes estacionados en los puestos de control y el tratamiento que reciben los detenidos palestinos”.

El comportamiento de la soldado es producto de un cultura popular en el Ejército israelí de no considerar a los palestinos como seres humanos con sus propios derechos“, subrayó.

Fuente: Tribuna de Europa.

Israel da a Obama motivos de preocupación

Redacción: Gareth Porter | Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

El artículo del pro israelí periodista Jeffrey Goldberg publicado en la revista The Atlantic [1] tenía como indudable objetivo mostrar las razones por las que la administración de Barak Obama debería preocuparse ante el riesgo de un ataque por parte del gobierno del Primer Ministro Netanyahu contra Irán en los meses venideros a menos que Washington adoptara una línea mucho más amenazadora hacia el programa nuclear iraní.

Pero el artículo proporciona nuevas pruebas de que altas personalidades del liderazgo militar y de la inteligencia israelí se oponen a tal ataque contra Irán y creen que la apocalíptica retórica de Netanyahu sobre Irán como “amenaza existencial” es innecesaria y contraproducente.

Aunque no se haya sabido precisamente por Goldberg, personalidades de la inteligencia y del ejército israelí empezaron a expresar su oposición a esa retórica sobre Irán en los primeros años de la década de 1990, y Netanyahu actuó para poner fin a todos esos comentarios cuando en 1996 se convirtió en Primer Ministro.

El artículo de Goldberg revela también la extrema sensibilidad israelí ante cualquier movimiento de Obama exigiendo públicamente que Israel desista de tal ataque, en reflejo de una realidad: que el gobierno israelí no podría seguir adelante con ataque alguno sin asegurarse que EEUU se implica directamente en la guerra contra Irán.

Goldberg expone que un probable escenario dentro de algunos meses es que las autoridades israelíes llamen a sus homólogos estadounidenses para informarles que los aviones israelíes van ya de camino para bombardear los lugares nucleares iraníes.

Los israelíes explicarían que no tenían “otra opción”, escribe, porque “un Irán nuclear supone la más grave de las amenazas para la supervivencia física del pueblo judío desde el régimen de Hitler”.

Basándose en las entrevistas realizadas a cuarenta políticos israelíes, afirma que el “consenso” entre los actuales y anteriores dirigentes israelíes es que en el momento en que las posibilidades superen el 50 a 50, Israel “lanzará un ataque en el mes de julio del próximo año”.

Goldberg es famoso por haber ido forjando la línea neo-conservadora con sus informes sobre Iraq, especialmente por su insistencia en que Saddam Hussein tenía amplios vínculos con al-Qaida.

Goldberg cita a un oficial israelí familiarizado con el pensamiento de Netanyahu diciendo: “En la II Guerra Mundial, los judíos no tenían poder para impedir que Hitler nos aniquilara. Seis millones fueron masacrados. Actualmente, en Israel viven seis millones de judíos y alguien les está amenazando con la aniquilación”.

Sin embargo, Netanyahu, en su entrevista con Goldberg para este artículo, no alega que Irán podría utilizar armas nucleares contra Israel. En vez de eso, sostiene que Hizbollah en el Líbano y Hamas en Gaza podrían “disparar cohetes e implicarse en otras actividades terroristas al gozar de un paraguas nuclear”.

Pero Israel confía más en las fuerzas convencionales –no en la disuasión nuclear- contra Hizbollah y Hamas, convirtiendo el razonamiento en algo enteramente engañoso.

Goldberg informa que otros dirigentes israelíes, incluyendo al Ministro de Defensa Ehud Barack, saben que el problema real ante la posibilidad de un Irán nuclear es que pueda gradualmente erosionar la capacidad de Israel de retener a su gente más dotada.

Pero ese problema es en gran parte autoinfligido. Goldberg concede que a los generales israelíes con los que habló “les preocupa que hablar de una ‘amenaza existencial” sea en sí mismo un tipo de amenaza existencial al proyecto sionista, que trataba de evitarle al pueblo judío tales amenazas”.

Además, una serie de fuentes le comunicaron a Goldberg que Gabi Ashkenazi, el jefe del estado mayor del ejército israelí, duda de “la utilidad de un ataque”.

Altos oficiales de la inteligencia israelí y otras autoridades responsables de la política hacia Irán llevan tiempo postulando que, en realidad, el tipo de retórica que Netanyahu está alimentando en estos últimos años es contraproducente.

El corresponsal en temas de seguridad Ronen Bergman informó en julio de 2009 en el Yediot Ahronot, el periódico más popular en Israel, que el ex jefe de la inteligencia militar, el General de División Aharon Zeevi Farkash declaró que se había distorsionado la percepción de la opinión pública israelí acerca de la amenaza iraní.

Farkash y otros oficiales del Mossad y de la inteligencia militar creen que el principal motivo por el que Irán busca capacidad en armamento nuclear no es para amenazar a Israel sino para “impedir la intervención estadounidenses y sus esfuerzos para cambiar el régimen”, según Bergman.

La utilización de una retórica descaradamente distorsionada presentando a Irán como una amenaza para Israel –y que cuenta con el desacuerdo de los oficiales de la inteligencia israelí- data de los primeros años de la década de 1990, cuando el gobierno del Partido Laborista en Israel empezó una campaña para presentar los programas nucleares y de misiles de Irán como tal “amenaza existencial” para Israel, como Trita Parsi reveló en su libro “Treacherous Alliance”, publicado en 2007.

Un comité interno interministerial israelí, creado en 1994 para hacer recomendaciones sobre cómo controlar a Irán, llegó a la conclusión de que la retórica israelí había sido “contraproducente” porque había conseguido que Irán temiera más a Israel y, por tanto, sintiera mucha más hostilidad, escribe Parsi.

Para colmo de ironías, fue Netanyahu quien decidió dejar de utilizar ese tipo de retórica tras convertirse por vez primera en primer ministro a mediados de 1996. El director del Mossad, Uzi Arad, le convenció de que Israel tenía que optar entre convertirse en enemigo de Irán o permitir que Irán se centrara en amenazar a otros estados.

Netanyahu llegó incluso a buscar la mediación de Rusia y Kazajstán entre Irán e Israel.

Pero dio marcha atrás cuando se convenció de que Teherán estaba buscando una aproximación a Washington, por lo que los dirigentes israelíes temieron que eso pudiera reducir el apoyo estadounidense hacia Israel, según el relato de Parsi. Como consecuencia, Netanyahu se reenganchó a la retórica extrema de sus predecesores.

Ese episodio sugiere que Netanyahu es perfectamente capaz de captar los análisis más matizados de la comunidad de la inteligencia sobre Irán, contrariamente a su postura en público defendiendo que la amenaza iraní es la misma que la de la Alemania de Hitler.

Los funcionarios de la administración Netanyahu utilizaron a Goldberg para trasladar el mensaje a los estadounidenses de que no creían que Obama fuera a lanzar un ataque contra Irán y, por tanto, tendría que ser Israel quien lo hiciera.

Pero Israel no puede permitirse, en forma alguna, arriesgarse a una guerra contra Irán sin asegurarse que EEUU se compromete a participar en ella. Esa es la razón por la que el lobby israelí en Washington y sus aliados sostienen que Obama apoyaría un ataque israelí, que significaría que tendría que atacar a Irán con toda su fuerza si éste tomara represalias tras tal ataque israelí.

La comprensión de que Israel no podría atacar a Irán sin el consentimiento estadounidense hace que las autoridades israelíes se muestren extremadamente sensibles en cuanto a la posibilidad de que Obama pudiera explícitamente rechazar el ataque israelí.

Goldberg informa que “varios oficiales israelíes” le dijeron que estaban preocupados de que la inteligencia estadounidense pudiera conocer los planes israelíes para atacar Irán “horas” antes del calendario fijado por Israel para tal acción. Los oficiales le dijeron a Goldberg que si a Obama se le ocurriera decir: “Sabemos lo que estáis haciendo. Deteneros inmediatamente”, Israel tendría que volverse atrás.

Goldberg alude sólo de forma muy vaga a la posibilidad de que la amenaza de un ataque contra Irán sea una estrategia diseñada para manipular tanto a Irán como a EEUU. Sin embargo, en marzo de 2009, en un artículo aparecido en The Atlantic online, se mostraba mucho más franco, concediendo que la amenaza de Netanyahu de atacar Irán si EEUU no conseguía parar el programa nuclear iraní pudiera ser un “tremendo farol”.

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1. The Point of No Return , The Atlantic, número de septiembre de 2010.

Gareth Porter es historiador y periodista de investigación especializado en temas de política de seguridad nacional estadounidense.

FuenteAsia Times Online ; vía: Rebelión.