Una Nochevieja de vergüenza

EFE. 01.01.2010

La Nochevieja de este año ha registrado un 86%  más de intoxicaciones etílicas y un 43% más de peleas y reyertas que la del año anterior, según el balance de llamadas atendidas por el centro de emergencias del 112 de la Comunidad de Madrid.

El teléfono de emergencias 112 no paró de sonar desde que cayó la bola del reloj de la Puerta del Sol y entre la medianoche y las nueve de la mañana fueron atendidos 3.827 avisos -siete por minuto, una cada ocho segundos y medio-, que suponen un aumento del 8% respecto a los 3.542 de hace doce meses.

Las llamadas por intoxicaciones etílicas han pasado de 181 a 338, un 86%, la mayoría en Madrid capital y casi todas en la vía pública, sin que se recibieran avisos desde el interior de locales de ocio.

Quema de contenedores

Las reyertas y peleas, en las que las asistencias no han tenido que atender ni trasladar a heridos graves, han pasado de las 266 de la Nochevieja del año pasado a las 382 de ésta, lo que significa un aumento del 43%, también en este caso sobre todo en la capital y en la calle.

Los accidentes de tráfico han aumentado de 51 a 77, en casi todos los casos alcances entre vehículos en los que tampoco se han producido heridos de gravedad.

También se han recibido 132 avisos por incendios, sobre todos contenedores, que representan un incremento del 18% respecto a los 112 de la Nochevieja anterior.

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Nota: Creo que sobran los comentarios sobre los hechos, que ya de por sí avergüenzan. Éste es el producto de un sistema que vende así la Navidad, como una celebración sin valor histórico ni moral. No hace falta tanto dato para que quede reflejada en una noticia esta sociedad tan degenerada y enferma que identifica el placer y la diversión con la propia autodestrucción, la barbarie y el exceso.

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¿Elecciones amañadas?

En las pasadas elecciones a la presidencia de Irán salió reelegido el ‘polémico’ Mahmud Ahmadineyad tras haber derrotado con clara diferencia a su principal oponente, el reformista Musavi.

En principio, la prensa occidental planteaba estas elecciones como muy ajustadas en los resultados, afirmando que Ahmadineyad y Musavi obtendrían un similar número de votos. Mientras tanto, los líderes europeos y norteamericanos ‘advertían’ al pueblo iraní que de volver a ser elegido Ahmadineyad presidente, el país seguiría en ese estado ‘marginal’ tan deplorable como había estado hasta el momento. Esto en términos inmediatos es equivalente a una amenaza al pueblo de Irán y un intento de coacción en esa voluntad de elección democrática que de tanto se alardea que tiene que haber.

Sin embargo, la elección del pueblo iraní no atendió a los criterios que quería imponer Occidente, y Mahmud Ahmadineyad fue reelegido con amplia mayoría. Ahora llegarían los disturbios y quedarían evidenciadas las triquiñuelas del Tío Sam.

Repentinamente, las calles de Teherán se llenaron de manifestantes que cuestionaban la legitimidad de las elecciones, acusando a Ahmadineyad de haberlas amañanado para perpetuarse en el poder. Como no, Occidente estaba detrás de todo esto. Mientras la prensa atacaba continuamente al líder iraní alegando una manipulación en los resultados, los gobiernos amenzaban con tomar medidas drásticas a esa situación en la que se hallaba el país, muchos de ellos previendo una ‘guerra civil’.

La verdad es que, en principio, esas insurrecciones no eran de mayor magnitud que cualquier manifestación actual que podemos ver los occidentales desde la ventana de nuestras casas. Sin embargo, la prensa las presentaba como el auge de una gran rebelión contra ese gobierno ‘ilegítimo’, colmadas de violencia y desorden.

Pasados unos días, esas manifestaciones comenzaron a ganar fuerza. Algo realmente curioso, dado que las personas suelen actuar con el ‘calentón’ ante este tipo de problemas, sin dejar pasar un tiempo como en este caso.

La cuestión es que hubo ‘algo’ que incitó a aumentar el descontento de los iraníes y por tanto la gravedad de la situación. ¿Qué podría ser eso que, de repente, entra en escena? La respuesta es clara: la mano de los Estados Unidos. Numerosas fuentes alegan que el servicio secreto norteamericano estuvo detrás de muchos levantamientos en contra del gobierno legítimo de Mahmud Ahmadineyad. Lamentablemente, el líder iraní tuvo que reforzar la autoridad policial e incluso decretar toques de queda, con el descenso de popularidad que eso supone.

Pero, finalmente, lo que pudo haber acabado en una verdadera guerra civil, que era el verdadero objetivo de los Estados Unidos, tuvo para nosotros un final feliz. Las pruebas acerca del presunto amaño de las elecciones fueron rechazadas tras una investigación propuesta por los ‘desconfiados’ gobiernos occidentales, quienes se tuvieron que tragar sus propias palabras, y finalmente Mahmud Ahmadineyad fue nombrado presidente electo.

Afortunadamente Irán es, al menos de momento, uno de los pocos rincones del mundo donde todavía la gran mano imperialista y opresora del invasor judeonorteamericano no ha llegado.

GBE