Educación

Redacción: La Inquisición – 15/09/2011

Recientemente se ha hablado mucho sobre el papel del profesor en las aulas a raíz de los recortes en educación que se quieren hacer por aquí y por allá. Viendo en la televisión las noticias -cosa a la que, por cierto, no acostumbro- pude oír los testimonios de algunos interinos que ahora se van a ver sin trabajo. Lo que más me impresionó de todo, al margen de las implicaciones socioeconómicas de esta desfachatez de nuevo obra de nuestra casta política, fue su falta de discurso y fundamentación. Se supone que en esos individuos ha de recaer el deber y la voluntad de formar a los jóvenes, y no es de extrañar que luego se vea lo que se ve: palabras entrecortadas, incapacidad de definir una idea simple, temblor, titubeo, risas nerviosas… Una completa falta de aptitud para llegar a la conciencia del prójimo. Porque para que se establezca una comunicación, debe haber un agente emisor (entre otras cosillas) y, ¡por Dios!, debe emitir bien, que es lo suyo.

¿Es, ser profesor, simplemente controlar algo sobre una rama determinada del conocimiento? ¿Dónde quedan esos teóricos principios pedagógicos que se inculca al personal docente en el CAP, o como demonios se llame ahora?

Y es que si para una entrevista de 7 segundos se es incapaz de expresar algo, no quisiera yo presenciar una hora de lección magistral impartida por esos personajes.

A raíz de estas imágenes televisivas me vinieron a la cabeza ideas más profundas que todo este berenjenal político. Las carencias expresivas, dicen los “expertos”, se deben a falta de horas de lectura. Esa reducción simplista no pone más que de manifiesto en qué son expertos los “expertos”. Quizá la lectura aporte vocabulario, formas de expresarse, etc, etc… No quiero quitar mérito a la acción de leer y a lo que puede aportar, que es mucho, pero el problema que se nos plantea aquí tiene como causante base un sistema educativo podrido que premia la automatización del alumno y castiga todo atisbo de genialidad e intento de aprendizaje significativo. Entra aquí en juego el concepto de adquisición de conocimientos, de aprendizaje. ¿Qué es aprender? Adquirir conocimientos, sin duda, pero habría que matizar un poquitín más. Mucha gente es capaz de adquirir un conocimiento -¡se puede hacer de memoria!- pero solo una pequeña porción de ellos sabría darles un sentido y aplicarlos satisfactoriamente. Cuestionar, destruir ideas, reconstuirlas, dar perspectiva. Moldear cada concepto que se nos presenta, dando más fondo, quitándoselo. En resumen, pensar. ¿Esto último se potencia realmente en nuestros centros de enseñanza? Creo que no.

Es frecuente que el examen estándar, sobre todo en los institutos de secundaria, se centre más en cuestiones que hayan exigido al alumno aprender algo de memoria que en darle un par de vueltas a las ideas relativas al temario y de verdad demandar una respuesta que haya requerido un mínimo procesamiento mental de tal manera que quede constancia de que la idea ha sido entendida y asimilada. Hablo de un examen porque creo que es la raíz del problema. No hay que olvidar que el objetivo del alumno es aprobar el examen, no importa casi nada más. Y al final, como es natural, se tiende a prepararse para superar ese examen. ¿Y qué pasa cuando un examen no premia el verdadero conocimiento? Pues que se estudia para no aprender. Por eso me hace gracia cuando oigo al paleto de turno achacar la culpa de que “esta juventud no sepa nada” a la supuesta vagancia y desidia de los muchachos, que en muchos casos se esfuerzan al máximo para no sacar provecho de un sistema que no ofrece nada de valor. Aprueban sus exámenes, es lo que se espera de ellos, ¿no?

No quiero con esto desprestigiar esa tan útil habilidad de nuestro cerebro que es la memoria, sino denunciar que a menudo se contemple solo como conocimiento el que está ceñido a ésta. Y es que el ejercicio de la lógica, el juego con ideas vacías, la abstracción…, son habilidades que no se favorecen en absoluto. Cuán mejor sería saber contextualizar realmente un hecho histórico (con sus antecedentes, sus consecuencias, sus implicaciones…) que tratar de memorizar en vano fechas y detalles absurdos sobre él. Y no crean que este ejemplo se puede ceñir sólo a la Historia. Todas las ramas del conocimiento son eso, conocimiento, y por tanto se rigen por los mismos principios.

El problema, como todo problema que se nos plantea en este sistema, viene de base. Y siempre ha resultado muy difícil cambiar las bases. Recortar algún fleco puede quedar bien pero nunca será la solución definitiva.

El personal docente debe, en primer lugar, ser apto. En segundo, ser consciente de su posición, de cuál es su labor de cara al alumno y de cómo llevarla a cabo más eficientemente. Más favorable será, en edades tempranas, ejercitar los esquemas mentales a fondo y darles base que llenar la cabeza de ideas que no se saben colocar y por tanto no se podrán utilizar correctamente cuando menos, o directamente se perderán. Si no, tendremos más y más patanes que sabrán mucho sobre todo pero no comprenderán nada. Zombies incapaces de cuestionar las ideas más simples, de contextualizar lo que acontece a su alrededor, de dar significado a cuanto ven, oyen y tocan.

Aunque, ahora que lo pienso… ¿no es este el prototipo de ciudadano más apropiado para sustentar un sistema gobernado por un pequeña élite hacia una gran masa incapaz?

Los ilustrados lo dijeron, y es que la base de todo progreso humano es la educación.

Israel denuncia “antisemitismo” en los colegios españoles

El Ministerio de Exteriores de Israel presentó una queja al embajador de España en Tel Aviv, Álvaro Iranzo, por supuesto antisemitismo difundido desde las escuelas españolas. “El embajador recibió hoy una llamada de Naor Gilón, director general para Europa en el Ministerio de Exteriores, para quejarse de que la Embajada de Israel en Madrid ha recibido cartas de niños acusando a los israelíes de matar niños“, dijo Juan Barba, segunda jefatura de la Embajada española. La conversación “fue en un tono de protesta, aunque con formas correctas” y, en la misma, Gilón dijo a Iranzo que sucesos como el ocurrido “no se pueden consentir”. “Aún no conocemos los detalles, no sabemos de qué niños se trata ni de qué colegios”, dijo Barba, que precisó que la legación española “está estudiando la cuestión”. Según el diplomático español, por el momento se desconoce si las cartas “fueron escritas por los menores ‘motu propio’ o si hay detrás una incitación por parte de los profesores, lo que sería más grave”. Según informó el diario ‘Haaretz’ en su versión digital, el Ministerio de Exteriores israelí se quejó de que los colegios escuelas españolas instruyen a sus alumnos en el antisemitismo y el antisionismo. Este medio informa que la embajada israelí en Madrid ha recibido docenas de postales, dirigidas al embajador Rafael Schutz, de niños de entre 5 y 6 años de edad, que incluyen frases como “Los judíos matan por dinero”, “evacuar el país para los palestinos” o “ir a algún lugar donde alguien esté dispuesto a aceptaros”, mensajes que Israel considera “de extrema gravedad”. Fuentes de Exteriores señalaron al rotativo que se trata de una campaña organizada fuera del sistema educativo pero que ha recibido autorización para trabajar con los estudiantes. En un primer momento el Ministerio habría considerado llamar al embajador de España para presentarle la protesta, pero después decidió hacerlo a través de una llamada telefónica para evitar una crisis diplomática. Según ‘Haaretz’, Iranzo informó a Gilón que las cartas no forman parte de la política del Ministerio de Educación español y se trata de una iniciativa privada, a lo que éste respondió pidiendo que, en cualquier caso, el Gobierno español tome cartas en el asunto para frenar la campaña.

Extracto de: El Mundo

Nota: La pregunta es: ¿mienten esos niños? Haya sido obra de algún adulto, ya sea profesor o padre; o de esos niños directamente, lo cierto es que esas declaraciones no andan desacertadas. Bien es cierto que, habiendo razón o no para hacerlo, no está bien que se incite a unos menores de 6 años a escribir injurias dada su evidente carencia de capacidad para juzgar por sí mismos. Pero, por otra parte, la reacción suscitada es llamativa ante este hecho. Cabría entrar a ponderar qué habría pasado si en vez de Israel y el pueblo israelí esos niños hubiesen puesto los nombres de Hitler u otro tipo de demonio de la Historia. Quizá, hubiesen sido aplaudidos; y en el caso de que existiese algún responsable adulto de ello, también obtendría sus “condecoraciones”.

También sería digno de analizar ese ambiguo concepto de “antisemitismo” y sus múltiples usos, dada la generalizada tendencia a extender el criterio de antisionista o pro-palestino a todo uno que supone una actitud de aversión hacia los judíos en su totalidad.

Tarzana, Ceniciento, Pulgarcito y el ogro bueno

El Manifiesto | 28 de enero de 2010

Todavía muchos hombres y mujeres de 2010 que viven en Europa creen ser libres y encontrarse en la cúspide de las sociedades más progresistas del mundo, donde las personas son dueñas absolutas de sus vidas. La realidad es, sin embargo, que el Estado —ese Estado apolítico, mero gestionario de (ingentes) servicios públicos e intereses privados— nos controla férreamente. Los funcionarios se entrometen en la vida de sus clientes-electores para establecer lo que es bueno y lo que es malo. Ahí tenemos el último ejemplo de ello: promover qué regalos los padres deben comprar a sus hijos y qué cuentos deben los niños leer.

¿En qué se pueden gastar los funcionarios el dinero público? ¿En edificar suntuosos, hermosos monumentos que dejen a la posteridad señal inequívoca de nuestro paso por la tierra? ¿En fomentar toda clase de  grandes obras del espíritu y de la cultura? No, por favor. ¡Qué ideas tan antiguas y trasnochadas tiene usted! El dinero se gasta en hacer más felices y solidarios a los clientes-votantes, cambiando su mentalidad retrógrada.
Y así tenemos que el actual gobierno zapateril (el rajoyano haría más o menos lo mismo, pero con énfasis algo más alicaído) se dedica a promover cuentos y obras de teatro infantiles en los que se alteran los personajes habituales para impedir que en los niños arraiguen estereotipos “sexistas”. De esta manera, tenemos a El príncipe Ceniciento y Tarzana, la jefa de la selva. El Gobierno cántabro, formado por el PSOE y el simpar Miguel Ángel Revilla, los difundió en las Navidades pasadas, junto con el consejo a los padres de que no comprasen juguetes sexistas. Puesto que hay subvenciones, dentro de poco aparecerán en las librerías Pulgarcito, el Ogro Bueno, Blancocarbón y así un montón de cuentos clásicos adaptados a la corrección política. (Avisamos de que Tarzana, la jefa de la selva no tiene absolutamente nada que ver con Sheena, la reina de la selva.)
Es estupidez, sí, pero no sólo eso. ¿Conocen la historia de Pavel Morozov, el niño que fue adoctrinado de tal manera por los bolcheviques que acabó delatando a su padre por recoger algunos granos de trigo, de los que quedan entre las espigas tronchadas después de la siega? Pues en las escuelas soviéticas se ponía como ejemplo a los estudiantes. Aún no estamos ni mucho menos ahí, por supuesto, pero…
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3362
Nota: El sistema profundiza cada vez más en el adoctrinamiento infantil en lo políticamente correcto, y este es solo un pequeño ejemplo de la multitud de sandeces que se quieren difundir. Para cualquier persona con dos dedos de frente todo esto resultaría lo menos absurdo, pero en una sociedad tan acomplejada estas ideas arraigan como el trigo en la estepa. Así, cosas evidentemente descabelladas y surrealistas son vistas como necesarias para poder compensar todo lo injusto ocurrido en el pasado, con el resultado de haber invertido radicalmente la balanza, no de haberla enderezado.
Y respecto a la mención de Pavel Mozorov, es seguro que dentro de poco los niños serán directamente instruídos como agentes en activo del sistema (si bien no lo están siendo ya), y llegará un momento en que toda su moral haya sido impuesta por el régimen de lo políticamente correcto. Para entonces, casos como el de Pavel dejarán de ser anécdotas. Cabría analizar aquí todas las implicaciones éticas y morales de la asignatura “Educación para la Ciudadanía” que todos los escolares españoles cursan, dado que si bien no tienen capacidad para votar sí lo deben tener a la hora de enfrentarse a la imposición de la doctrina.
No en vano advertía Orwell en 1984 un caso aterradoramente similar al de Pavel Mozorov, donde la hija del ciudadano Parsons denunció a su padre por susurrar unas palabras “fuera de lugar” mientras estaba dormido. Parece, como en otros muchos aspectos, que el genial escritor ha vuelto a dar en el clavo a la hora de prever la llegada de la tiranía absoluta.