Sombreros Blancos, psicosis del 11-S en EE.UU.

Daniel Patrick Welch | Global Research

Cuando Lois Griffin es elegida alcaldesa de Quahog sacando provecho de las referencias más estúpidas y sin sentido del 11 de septiembre, el público ovaciona. Pero cuando ese mismo escenario se vuelve a repetir una y otra vez en un intento, en gran parte exitoso, de separar a las personas de su intelecto, su conciencia y su instinto de supervivencia, al parecer, nadie sabe ni siquiera lo que está pasando. “¡Nunca olvides!”, gritan los patriotas que agitan sus banderas y las porristas del imperio, como si tal cosa fuera hasta posible.

En los últimos 10 años, cada marcha hacia la Guerra, cada zona permitida para expresarse con libertad (Free Speech Zone), cada paso en la criminalización de la disidencia —todo esta historia se ha realzado, en cada oportunidad, por la repetición sin sentido y la amenaza empapada de temor y fascismo del no preguntar y ni siquiera pensar demasiado profundamente porque “el 11 de septiembre cambió ‘todo’”. Hay una historia tajante y escalofriante que circula por redes sociales (facebook) y otros foros en internet, asociados ya sea a palestinos o a algunas otras víctimas de la furia que el imperio ha descargado para vengar los sucesos de aquel día: “Su 11 de septiembre son nuestros 365 días del año”.

Sin embargo, para los estadounidenses es tal la falta de capacidad para la introspección que al parecer preferimos continuar considerándonos víctimas eternas en lugar de considerarnos iniciadores de una guerra de locos tras otra. En todos los desfiles, los aplausos y toda esa ceremonia y solemnidad de felicitarse a sí mismos con la cual los estadounidenses nos saludábamos por el supuesto asesinato de Osama Bin Laden (aunque considerado un horror por gran parte del mundo), ni siquiera hubo un resquicio de alguna esmerada introspección que uno esperaría de los adultos. En su lugar, parecía existir esta constante recapitulación de la escena de Padre de Familia mencionada anteriormente. No se hacían preguntas, no hubo movimiento eficaz alguno contra las guerras ni interés real alguno en absoluto para luchar por las futuras consecuencias de las acciones de nuestro gobierno. Nada, realmente, más allá de la pregunta desechable: “¿Cuánto costará para sentirnos a salvo otra vez…?”

Es una época verdaderamente depresiva y espantosa para estar vivo. El sistema político está  tan retorcido que los dos partidos políticos del monopolio de los Estados Unidos de América, quienes fingen representar diferentes intereses, están en complicidad con toda la mayor parte de los asuntos más esenciales del día al servicio de los intereses corporativos que pagan sus elecciones. Peor, el electorado aún no se ha dado cuenta, sería poner énfasis en la jactancia más famosa y premonitoria de todos los tiempos de Jay Gould, la cual expresaba que él “podía contratar a una mitad de la clase trabajadora para que mate a la otra mitad”. En efecto, el pueblo está tan engatusado que el círculo político continúa tranquilo, haciendo hincapié en distracciones insignificantes, que no vienen al caso, como por ejemplo, el límite de endeudamiento y la reducción del déficit (¡mientras seguimos gastando más en guerra que todos los demás países del mundo combinados…!). Peor aún, la tan llamada “Izquierda” permite que un presidente Demócrata la arrulle para dormir, un hombre negro aunque parezca increíble, cuyas acciones habrían sido rotunda y correctamente opuesta si hubiera una R después de su nombre en lugar de una D. Qué farsa.

Pero no adelantemos acontecimientos. Cuando la historia se repite, un famoso alemán dijo una vez, sucederá como una tragedia antes que una farsa. Y nosotros estamos tan profundamente bañados en la sangre de muertes y sufrimientos innecesarios que nuestros gobiernos han causado en el nombre de la venganza del 11 de septiembre que sería impertinente pasar por alto la enorme tragedia que todavía no ha terminado. Más de un millón de personas han sido asesinadas en busca de nuestra aparentemente insaciable sed de matar. Es como si los estadounidenses, completamente convencidos de que  somos los buenos de Sombreros Blancos, no tuviéramos la más mínima idea en absoluto de escala o balance. Desde un punto de vista general, y con, incluso, una mirada superficial a los archivos, es terriblemente evidente que la destrucción causada por la política exterior de los Estados Unidos hace que cualquier destrucción hecha en nuestro país parezca totalmente más pequeña. Pero naturalmente siempre ha sido cierto que los objetivos del imperio flotan en ríos de sangre —no aquellos de los mismos imperialistas. Como Robert Emmet dijo acertadamente al juez que lo sentenció a muerte:  “…si fuera posible juntar toda la sangre que usted ha derramado en su ministerio impío en un reservorio,  Su Señoría podría nadar en el”.

Libia es el último boleto que se perforará en el Viaje de Estados Unidos al Infierno en el Plan de Financiación. El bombardeo excesivo con bombas teledirigidas estadounidenses  sobre  otro país soberano en realidad comenzó a perder validez por un momento. El relato de la OTAN sobre el asesinato del nieto y el yerno de Gaddafi fue en realidad para comenzar a imponerse y causar tensión entre los aliados de la OTAN. Mmm… algunos comenzaron a pensar finalmente. Quizá tal barbaridad es un poco impropia para los herederos de la grandiosa tradición de Civilizar a los Nativos. De hecho, me acababa de sentar para  escribir un artículo cuando toda la línea argumental se vio interrumpida tras el anuncio de emergencia del asesinato de Bin Laden y de  los demás que vivían en el complejo habitacional.

Así que con la nueva inspiración proveniente del cowboy y la súper venganza de la matanza del 11 de septiembre (quien, según el FBI, no pudo ser enjuiciado por falta de pruebas), el bombardeo de Libia se reanudó formalmente. No cometan errores —la OTAN necesitaba totalmente cada gota de ayuda política, logística y financiera que obtuviera de los estadounidenses. Los militares de Estados Unidos estuvieron involucrados en prácticamente cada paso del horrible proceso —esta era la guerra de Obama, con una huella estadounidense intencionadamente oculta. Los únicos engañados, como se puede apreciar, terminan siendo los estadounidenses y los europeos. 30.000 bombas cayeron como lluvia torrencial sobre Libia entre marzo y, bueno, aún siguen cayendo, ¿lo sabían? Matando a quizás otras 60.000 personas para agregar a la lista de víctimas mortales de guerra causadas por el imperio. Es simplemente impropio llorar por las muertes de una manera tan sensiblera y a la vista de todo el mundo cuando los negros en Libia están siendo acorralados, torturados, ultrajados, encarcelados y asesinados por matones representantes de los Estados Unidos. Una vez más, decenas de miles de personas incineradas desde el aire mientras defienden a su país, más de 50.000 soldados estadounidenses asesinados en Vietnam (y absolutamente poco más  de 2 millones de personas del sudeste asiático que murieron allí). Pero claro, son solamente “nuestras” muertes las que cuentan —este es el mundo de fantasía de las personas que siempre creen ser los que usan el Sombrero Blanco. Pero si los lectores amablemente se animan a tolerarotra cita más de Padres de Familia, mencionaré la de Stewie: “ ¡Algún día… recibirás tu merecido!”.

Fuentehttp://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=26684

Texto original en inglés9/11 and Americans’ Remarkable Incapacity for Self-reflection

Traducido por Silvana Mellino

© 2011 Daniel Patrick Welch. Se permite la reimpresión con reconocimiento y enlace a http://danielpwelch.com.

Daniel Patrick Welch : Cantante, lingüista y activista Daniel Patrick Welch vive y escribe en Salem, Massachusetts, con su esposa, Julia Nambalirwa-Lugudde. Juntos administran la escuela The Greenhouse School [http://www.greenhouseschool.org]. Existen traducciones de los artículos disponibles en más de 24 idiomas. Se agradecen los enlaces al sitio de red.

La verdad sobre Libia

Ignoro si los datos que ofrece este vídeo son 100% verídicos, pero sin duda abren los ojos para quien solo se nutra de información vertida por nuestros medios de masas. Hay algo más que decir sobre Gadafi que “era un dictador y un opresor”, único argumento esgrimido por nuestras televisiones, cómplices de la banca internacional. Como todos los líderes demonizados en Occidente (Chávez, Castro, etc., y por no mencionar a Franco o Mussolini) llevó a cabo una política social profunda que muy lejos queda de las que nos ofrecen las socialdemocracias judaicas que tenemos en nuestros países.

Esto no significa que su política fuese la ideal. Se trataba de un personaje que incitaba a la violencia y al antieuropeísmo, hipócrita hasta la médula: llamó a la guerra santa contra el país que almacenaba su fortuna. Pero más infinita es la hipocresía demócrato-occidental que afirma haber expulsado a Gadafi para bien de Libia.

La OTAN ya tiene plan para Libia

La Inquisición – 16/09/2011

Los medios muestran victoriosos a los llamados rebeldes, dando la causa de Gadafi ya por perdida. Sin embargo apenas relacionan la actividad de éstos con la OTAN ni las pretensiones de las petroleras. Hasta el momento se ha presentado el levantamiento libio como espontáneo, aunque nunca se ha escondido el apoyo que han brindado principalmente Francia y el Reino Unido a los sublevados. Sin embargo, tonto será el que no esté convencido de que este circo ha sido orquestado desde fuera. Gadafi siempre había supuesto una molestia al intervencionismo económico exterior, pero sin embargo hacía sus concesiones. Ahora, en un contexto de revoluciones en los países árabes, las corporaciones interesadas en los recursos naturales de Libia han hecho a la OTAN y a la CIA entrar en acción para derrocar al dictador. Y lo han conseguido. Cameron y Sarkozy ya han viajado al país para envolverse en el griterío del populacho libio y coronarse como salvadores de la nación.

Para mantener el nuevo orden en la nueva Libia democrática, la OTAN afirma tener un plan que se ha ideado en Washington, Londres y París. Y éste no consiste precisamente en ceder el control militar de su propio país a las fuerzas armadas libias, sino más bien en apoderarse del espacio aéreo y las aguas territoriales con el pretexto de coordinar la gestión de la ayuda humanitaria que ha de prestarse a la devastada nación. Con esto además la OTAN obtendrá el libre acceso a enclaves portuarios y aeropuertos que pronto se convertirán en bases meramente militares. A pesar de que se ha afirmado no llevar tropas, sí se contempla la idea de entrenar a las nuevas fuerzas de Libia, lo que derivará en una estricta dependencia de éstas ante la OTAN. Para el caso, patatas. El responsable de esta tarea será, según Global Research, Abdel Hakim Belhadj, uno de tantos talibanes preparados por la CIA durante la Guerra Fría para frenar los pies al bolchevismo.

La cuestión es que ya está el terreno allanado para expoliar los recursos libios sin que el pueblo vea el más mínimo beneficio futuro. Las petroleras han ganado el control total de las reservas de crudo en ese país, la OTAN su excelente posición estratégica, e Israel se ha cargado un opositor más a su genocidio particular. Todos ganan, menos Libia. No creo que vayan a tardar mucho, los que ahora están empapándose de fervor y júbilo democrático, en echar de menos al singular Gadafi.

A Libia a por petróleo

Si bien ya dijo en su momento Horst Köhler qué pintaba Alemania en Afganistán -cosa por la que tuvo que dimitir como presidente de la República- hoy nos quedamos con el testimonio del congresista estadounidense Ed Markey sobre a qué se debe la guerra de Libia.

Gadafi declara la guerra santa a Suiza

La Inquisición | 26 de febrero de 2010

Las relaciones entre Suiza y Libia han adquirido un carácter cada vez más turbio en los últimos años. El coronel Gadafi mantiene una disputa diplomática con Suiza desde que las autoridades helvéticas detuvieran en un hotel en Ginebra, en julio de 2008, a Hannibal Gaddafi, uno de los hijos del líder libio, acusado de golpear a sus empleados domésticos. Aunque Gaddafi jr. fue liberado poco después y se le retiraron los cargos, Libia cortó sus suministros de petróleo a Suiza y retiró miles de millones de dólares de cuentas de bancos suizos. Posteriormente arrestó a dos empresarios suizos que trabajaban en Libia.

Sin embargo, la situación ha llegado a su cenit con la reciente llamada del dictador libio a todos los islámicos a la guerra santa contra Suiza como respuesta a la negativa democrática que tuvo lugar en la República Helvética a la hora de construir minaretes en su territorio. Asimismo, ha instado a todos los países musulmanes a romper relaciones con Suiza.

Parece ser que al general Gadafi no le sienta bien ver cómo el Islam es rechazado en Europa, máxime teniendo en cuenta que Gadafi se jacta de reconocer la islamización europea y de fomentar las actividades terroristas dentro del Viejo Continente. A pesar de criticar a la organización de Al Qaeda por considerar a sus integrantes como “criminales y enfermos mentales”, Gadafi considera que es necesario atacar y “hacer la guerra santa” a “quien destruye mezquitas ante los ojos de Dios”.

A su vez, ha defendido que “la Guerra Santa contra Suiza es tan legítima como la lucha de los palestinos contra la ocupación israelí”. Sin embargo, la diferencia que parece no entender es que mientras los palestinos defienden su territorio de la invasión sionista, los suizos hacen lo propio ante la invasión islámica.

Se deduce, pues, que el discurso del dictador libio Gadafi carece de cualquier criterio objetivo y se basa en la defensa integrista y fundamentalista de un Islam cuyo objetivo es eliminar a todo aquel infiel que no siga sus doctrinas “únicas y verdaderas”.

Mientras tanto, el pueblo suizo ha hablado, y ha dicho que en su país no se quieren minaretes. Acertados o no a los ojos de Gadafi, los europeos han decidido defenderse ante esta amenaza fundamentalista y simplista que propugna el Islam como única y verdadera religión.

Cualquier llamada a la guerra contra Europa por no aceptar sus dogmas debe ser interpretada como merece, esto es, como una amenaza total hacia la integridad de los territorios y pueblos europeos; y por tanto ha de llevarse a cabo una respuesta firme y contundente por parte de Europa que elimine, de una vez por todas, a estos “iluminados” del poder combatiendo así el radicalismo islamista que legitiman estos homúnculos autoconvertidos en portavoces de Alá.