Tarzana, Ceniciento, Pulgarcito y el ogro bueno

El Manifiesto | 28 de enero de 2010

Todavía muchos hombres y mujeres de 2010 que viven en Europa creen ser libres y encontrarse en la cúspide de las sociedades más progresistas del mundo, donde las personas son dueñas absolutas de sus vidas. La realidad es, sin embargo, que el Estado —ese Estado apolítico, mero gestionario de (ingentes) servicios públicos e intereses privados— nos controla férreamente. Los funcionarios se entrometen en la vida de sus clientes-electores para establecer lo que es bueno y lo que es malo. Ahí tenemos el último ejemplo de ello: promover qué regalos los padres deben comprar a sus hijos y qué cuentos deben los niños leer.

¿En qué se pueden gastar los funcionarios el dinero público? ¿En edificar suntuosos, hermosos monumentos que dejen a la posteridad señal inequívoca de nuestro paso por la tierra? ¿En fomentar toda clase de  grandes obras del espíritu y de la cultura? No, por favor. ¡Qué ideas tan antiguas y trasnochadas tiene usted! El dinero se gasta en hacer más felices y solidarios a los clientes-votantes, cambiando su mentalidad retrógrada.
Y así tenemos que el actual gobierno zapateril (el rajoyano haría más o menos lo mismo, pero con énfasis algo más alicaído) se dedica a promover cuentos y obras de teatro infantiles en los que se alteran los personajes habituales para impedir que en los niños arraiguen estereotipos “sexistas”. De esta manera, tenemos a El príncipe Ceniciento y Tarzana, la jefa de la selva. El Gobierno cántabro, formado por el PSOE y el simpar Miguel Ángel Revilla, los difundió en las Navidades pasadas, junto con el consejo a los padres de que no comprasen juguetes sexistas. Puesto que hay subvenciones, dentro de poco aparecerán en las librerías Pulgarcito, el Ogro Bueno, Blancocarbón y así un montón de cuentos clásicos adaptados a la corrección política. (Avisamos de que Tarzana, la jefa de la selva no tiene absolutamente nada que ver con Sheena, la reina de la selva.)
Es estupidez, sí, pero no sólo eso. ¿Conocen la historia de Pavel Morozov, el niño que fue adoctrinado de tal manera por los bolcheviques que acabó delatando a su padre por recoger algunos granos de trigo, de los que quedan entre las espigas tronchadas después de la siega? Pues en las escuelas soviéticas se ponía como ejemplo a los estudiantes. Aún no estamos ni mucho menos ahí, por supuesto, pero…
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3362
Nota: El sistema profundiza cada vez más en el adoctrinamiento infantil en lo políticamente correcto, y este es solo un pequeño ejemplo de la multitud de sandeces que se quieren difundir. Para cualquier persona con dos dedos de frente todo esto resultaría lo menos absurdo, pero en una sociedad tan acomplejada estas ideas arraigan como el trigo en la estepa. Así, cosas evidentemente descabelladas y surrealistas son vistas como necesarias para poder compensar todo lo injusto ocurrido en el pasado, con el resultado de haber invertido radicalmente la balanza, no de haberla enderezado.
Y respecto a la mención de Pavel Mozorov, es seguro que dentro de poco los niños serán directamente instruídos como agentes en activo del sistema (si bien no lo están siendo ya), y llegará un momento en que toda su moral haya sido impuesta por el régimen de lo políticamente correcto. Para entonces, casos como el de Pavel dejarán de ser anécdotas. Cabría analizar aquí todas las implicaciones éticas y morales de la asignatura “Educación para la Ciudadanía” que todos los escolares españoles cursan, dado que si bien no tienen capacidad para votar sí lo deben tener a la hora de enfrentarse a la imposición de la doctrina.
No en vano advertía Orwell en 1984 un caso aterradoramente similar al de Pavel Mozorov, donde la hija del ciudadano Parsons denunció a su padre por susurrar unas palabras “fuera de lugar” mientras estaba dormido. Parece, como en otros muchos aspectos, que el genial escritor ha vuelto a dar en el clavo a la hora de prever la llegada de la tiranía absoluta.

Y más fanatismo judío

EFE. 27.08.2009

<<<<< Asociaciones feministas, intelectuales y rabinos reformistas han iniciado una cruzada en Israel contra los cada vez más numerosos “autobuses kosher”, en los que las mujeres son obligadas a sentarse en la parte de atrás.

Mientras se multiplican las voces que cuestionan que un estado democrático financie ese tipo de discriminación, un comité especial designado por el Ministerio de Transportes debate una solución al conflicto, al que deberá dar respuesta antes de que finalice el mes.

Medio centenar de personalidades israelíes se han unido a las ONG de mujeres para firmar un comunicado que pide la desaparición de los autocares segregados, destinados en principio a los ultraortodoxos pero que pertenecen a la red de transporte público y, por tanto, pueden ser utilizados por cualquier ciudadano o ciudadana. 

“Estamos siendo testigos de un fenómeno complicado: en las líneas para la población haredí (ultraortodoxa) las mujeres son obligadas a sentarse en la parte trasera del autobús”, reza el escrito, que añade que las que “se niegan a estos requerimientos son
víctimas incluso de ataques físicos por parte de los viajeros”.

Defensa de la igualdad

Hace cinco años, cuando empezó el fenómeno de los “autobuses kosher”, el Centro de Israel para la Acción Religiosa (IRAC),
que pertenece al judaísmo reformista y defiende la igualdad entre hombres y mujeres, llevó la cuestión ante los tribunales.

Desde entonces,
las líneas segregadas han crecido hasta superar el número de 90 en todo el país, “muchas de las cuales viajan a localidades que no son residencia exclusiva de ultraortodoxos, como las que comunican las ciudades de Tzfat o Arad con Jerusalén”, dijo Anat Hofman, directora de la organización. 

“El papel del conductor en estos autobuses es clave”, señala Hofman, que explica que si una mujer no se sienta detrás,
el chófer la gritará, como poco, ‘Jasufa’ (fresca) y le dirá cosas como: “¡Fresca!, vete atrás, que así es como funciona aquí. Si no te gusta te vas a otro autobús”. 

Además, ocurre a menudo que si no queda sitio en la parte de atrás y hay alguna mujer esperando en la parada,
el autocar pasa de largo y no se detiene, sea cual sea la creencia religiosa de la pasajera.  >>>>>

http://www.20minutos.es/noticia/505163/0/mujeres/autobuses/israel/

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Otro gran ejemplo de esos venerables valores que detenta ‘el pueblo elegido’. Si bien a medidados de julio salieran a la luz declaraciones de unos soldados israelíes que denunciaban cómo sus líderes religiosos les instaban a matar a cualquier palestino que se les cruzara en nombre de Dios, ahora nos vienen con ilustraciones sobre discriminación de sexo en los medios de transporte urbano.

Y me pregunto yo, ¿qué diferencia hay entre ese fanatismo islámico tan criticado y desafiado por los Estados Unidos y este tipo de consideraciones que tiene su fiel aliado Israel sobre la mujer y la Vida Humana?