Leonard Horowitz: el H1N1 fue creado por el hombre

A pesar de ser un tema ya pasado este de la Gripe A, y de ser este también un vídeo antiguo el siguiente, creo que es interesante y conviene no olvidar la gran mentira que supuso la pandemia del virus H1N1 para que no nos la vuelvan a “colar” las multinacionales ni los gobiernos.

El vídeo, como ya he dicho, es antiguo y puede estar ahora fuera de lugar, pero sin duda las declaraciones del doctor Leonard Horowitz se deben tener siempre en cuenta, dado que es uno de los pocos científicos que realizan su trabajo de investigación completamente al margen de la influencia de la dictadura científico-mercantil que impera en nuestros días. Esto, unido a su amplio currículo y trayectoria en la salud pública, hace que todos sus informes y documentales no tengan desperdicio y gocen de mayor credibilidad que toda la propaganda difundida por la OMS y demás organizaciones subordinadas al dólar.

Climagate: Nick Griffin hablando claro

Nick Griffin, eurodiputado británico y líder del BNP (British National Party), pronunció el siguiente discurso en la conferencia sobre el Cambio Climático:

“Todos están de acuerdo en que el cámbio climático es el más grande desafío que encara la humanidad”.
Esa es la constante proclama de la élite política y ¡es una mentira!
Todos NO están de acuerdo. Miles de científicos disputan la existencia misma de que el calentamiento global sea producido por el hombre, citando los cambios cíclicos naturales que vieron en las viñas de la Inglaterra Romana del Norte y que la armada Sueca marchó sobre el Mar Báltico congelado en la epoca de la Pequeña Era de hielo en 1658 a Copenhague.
Como una armada de fanáticos del calentamiento global marcha hacia Copenhague, la verdad es que el “consenso” Orwelliano  NO se basa en un acuerdo científico, sino en matonería, censura y estadísticas fraudulentas.
En las palabras del climatólogo líder, el Profesor Richard Lindzen:
“Las generaciones futuras se preguntarán en perplejo asombro de que el mundo desarrollado del temprano siglo veintiuno entro en un pánico histérico de una aumento en la temperatura promedio global de unas pequeñas decenas de grados y que en la  base de grotescas exageraciones de muy inciertas proyecciones por computador contempladas en una retracción de la era industrial”.
De hecho, no habrá perplejo asombro, pues la razón de esta histeria es clara: Esta diseñada para proveer la excusa para el proyecto político de los globalistas para reemplazar la democracia nacional con la dictadura global del Nuevo Orden Mundial.
No tiene nada que ver con ciencia y todo que ver con el propósito común de los globalistas de ponernos un impuesto y controlarnos, miestras ellos hacen Billones para las corporaciones en el complejo industrial verde.
Las manivelas intelectuales anti-occidentales de la izquierda sufrieron una crisis colectiva cuando colapsó el Comunismo.
El cambio climático es su nueva teología, una histeria religiosa secular completa con el Papa Al Gore, indulgencias de crédito de carbono y la persecución de los herejes.
Pero los herejes tendrán una voz en Copenhague y la verdad saldrá: El Cambio climático esta siendo utilizado para imponer
una utopía anti-humana tan mortífera como cualquier concepción de Stalin o Mao.”

Los Dueños del Mundo

Interesante vídeo el siguiente como introducción a las teorías conspirativas. Hace, a groso modo, mención de los principales nombres y sociedades secretas que tienen como fin el control del mundo, además de mostrar sus operaciones y sus consecuencias, relacionándolos con hechos geopolíticos de magnitud global mostrados a las grandes masas como algo que nada tiene que ver con la verdad: el interés de estos pocos en concentrar todo el poder. Así, nombres propios como Rotschild, Rockefeller, Kissinger, Freud, Slim y Gates aparecen mencionados en el vídeo, amén de organizaciones y entidades tales como el Club Bilderberg, el Club de Roma, el Grupo PRISA, el Concilio de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral, los Illuminati, la Masonería y el Vaticano.

Estos nombres, a pesar de no encontrarse en las principales noticias, ni la actualidad política, ni en los medios; controlan el mundo desde un segundo, tercer, cuarto y último plano, siempre tras todos esos dirigentes y jefes de gobierno elegidos por la masa en una creencia ilusoria de tener en sus manos el poder de elegir a sus representantes y guiar su propio destino en la Historia.

Ellos, llámense señores del Nuevo Orden Mundial o Dueños del Mundo, son los responsables en última instancia de todo cuanto ocurre en nuestro planeta: guerras, hambre, epidemias, tráfico de drogas y armas, corrupción política y, sobre todo, la manipulación del ciudadano occidental hasta el punto de anularlo intelectualmente por completo. ¿El objetivo? Más dinero, más control, más poder.

De esta manera, mientras medio mundo se encuentra sumido en la más absoluta miseria, el otro medio está completamente anulado, manipulado y abstraído gracias a la acción propagandística de los medios que Ellos mismos controlan. Bajo una irreal apariencia de progreso y libertad, se está tramando un plan por el cual estos nombres, la mayoría de ellos anónimos, toman cada vez más control y ejercen más poder sobre el 99’9999% restante de la Humanidad, a quien buscan esclavizar tanto física como intelectualmente. Y, sin duda, lo van poco a poco consiguiendo: una catastrófica crisis económica, una mortal epidemia o un terrorismo constantemente amenazador, son elementos que Ellos crean perfectamente de la nada para conseguir más dependencia de la masa respecto de ellos, de su sistema bancario-capitalista, de sus corporaciones y de sus ejércitos. El Miedo y la Inestabilidad constituyen la base de un sistema cuyo único objetivo es el ya mencionado.

Y sí, existe este selecto grupo, ¡¿cómo no?!, constituyente de la cúspide de una pirámide social sustentada por el resto de hombres que cada día nos levantamos a trabajar para que ellos puedan seguir aumentando su poder a costa de nuestra libertad y de la verdad.

Una vez que te das cuenta de quién mueve los hilos del mundo, y sabes de sus objetivos, comprendes que todos los hechos que te muestran los medios de comunicación masiva tienen la misma naturaleza y razón de ser (algo muy diferente a la que muestran), y esta es, concentrar cada vez más el poder del mundo en sus manos.

Sería muy ingenuo tachar de paranoia todo esto aquí expuesto. ¿No creen?

Problemas de Identidad, problemas del Ser.

La deshumanización del ser humano está en proceso. Al parecer, nadie es capaz de verlo, pero la cuestión es que la Humanidad se encuentra actualmente en un punto de inflexión en su desarrollo evolutivo.

Sin duda alguna, echando una mirada hacia atrás, podremos ver cómo, sobre todo en estos últimos dos siglos, ha tenido lugar un desarrollo tecnológico tan sofisticado que ha sido capaz de eximir al hombre de estar sujeto a prácticamente todas las leyes naturales a las que antes rendía cuentas todo ser viviente. Esta capacidad técnica ha sido la culminación de un desarrollo evolutivo intelectual llevado a cabo durante más de 3 millones de años.

Es incuestionable la excepcional labor que ha tenido la naturaleza al otorgar al Hombre, la especie privilegiada, una facultad que ha sido capaz de desembarazar a éste de ella misma. Y a la vista está: las grandes ciudades, los medios de transporte, los de comunicación, la sanidad… la mayoría de nosotros pasamos los días sin prácticamente rozar ni ser influidos por ningún elemento natural. 

Sin embargo, en este sensacional camino el hombre ha extraviado algo que antes era inherente a él, algo que, durante estos últimos siglos se ha ido desvaneciendo a medida que aumentaba su habilidad técnica y eran hartadas sus necesidades más primarias. Algo que era fruto en principio de su inteligencia, su capacidad social, de coordinación con demás semejantes, de su naturaleza. A ése algo el hombre le debe haber llegado a donde está, y su pérdida producirá que su fascinante avance respecto a las demás criaturas no pueda continuar como ha hecho hasta ahora. Esto es, su identidad.

Este mundo globalizado y la sociedad de consumo han extirpado al hombre el más preciado de sus seres: el hecho de ser quienes son, el poder diferenciarse del resto, de poseer un auténtico yo, de tener respuesta ante la pregunta “¿quién soy?”, de poder situarse a si mismo en la naturaleza, de tener conciencia de su ser.

Y ya no es que en la sociedad actual esté infravalorado el hecho de “poder ser”. Es que, de alguna manera, está mal visto, es intolerado y muchas veces aborrecido.

Las primeras sociedades humanas se formaron para satisfacer las primeras necesidades del ser humano. La coordinación consciente entre éstos permitió que consiguieran lo que individualmente habría sido imposible para ellos. Y es en este momento de la Historia cuando, gracias al establecimiento social, surge la cultura. Esto implicó que brotaran las primeras manifestaciones artísticas y técnicas, así como el lenguaje y los valores. A partir de aquí, el homínido empieza a ser Hombre, comienza a comprender su situación, a entender que el uno no es nada sin el resto. La aparición de la cultura se debió a la necesidad explícita de transmitir todo su avance inteligente a los siguientes para garantizar su perpetuidad.

De esta manera, los diferentes grupos humanos comenzaron a forjar su identidad. La cultura característica de cada comunidad se lo otorgó. Empezaron a ser “estos” y “aquellos”, a ponerse nombres, a elaborar sus leyes, su lenguaje, sus mejores formas de organización y ponderar qué era o no beneficioso para su grupo.

La aparición de la identidad, por tanto, se debe a la cultura, y ésta a crear una serie de vínculos tanto físicos como intelectuales entre los individuos que conforman la sociedad para, en último término, poder satisfacer la mayor parte de sus necesidades.

Se podría decir, entonces, que la identidad del ser humano es fruto de algo que va más allá de la propia naturaleza. El ser humano es el único ser capaz de coordinarse con otros teniendo conciencia de sí mismo para obtener sus fines, y eso es porque es el único dotado de la inteligencia necesaria como para poderse ver a sí mismo en la naturaleza.

Bien es cierto que existen otras numerosas especies de seres que son capaces de colaborar entre sí y formar sociedades. Sin embargo, por contra, el ser humano tiene inteligencia. Es de lo que se sirve para crear su sociedad, a diferencia de por ejemplo las hormigas, cuyo método de comunicación se basa en una mera secreción química que muy lejos queda de la actividad lingüística y consciente del ser humano.

Ese es el origen, nuestro origen. El auge de un ser que ha sido capaz de orientarse y dar pasos hacia adelante hasta que se encontró con la obstrucción de un mundo globalizado tendente a la uniformidad.

Los seres humanos de nuestros tiempos, en mucho se diferencian de aquellos primeros hombres que, aunque frágiles y endebles en su fisonomía, consiguieron hacerse los reyes del mundo.

Actualmente viven en el mundo seis mil millones de seres humanos. Sin embargo, en esa estremecedora cifra se hallan tan solo unos pocos que, como los primeros hombres, tienen verdadera conciencia de sí mismos, son capaces de mirar hacia el cielo y comprender su situación en la naturaleza.

La razón de que se halla producido esta deshumanización entre los seres humanos corresponde al lucro que tiene el Gran Poder que dirige el mundo en anular al ser humano en cuanto tal.

Ese interés radica en que las cuatro manos que dirigen nuestro mundo detenten el poder absoluto, centralizado en ellas de tal manera que sea cual sea su voluntad se cumpla en cualquier momento y lugar. La ambición de esos tan pocos diablos es lo que está haciendo que la Humanidad y todos sus prodigios se arruinen y sea su camino la perdición.

La comprensión de esta situación es compleja y su superación constituye el mayor reto en la historia del Hombre.

El Gran Poder ha creado a lo largo de los últimos tiempos un modelo económico, social, científico y filosófico que se ajusta perfectamente a su plan de dominación total, y la sociedad de consumo es el resultado de sus pretensiones.

El mundo actual se nos es presentado como un mundo culminante, y si bien deja mostrar algunas imperfecciones a sus ciudadanos, serán siempre el objeto de remiendo inmediato. Los pilares sobre los que se jactan de afirmar que está asentado el Orden Mundial son la democracia, la igualdad y la justicia. Sin embargo, estas premisas quedan muy distanciadas de la verdad en la cual nos encontramos. Gracias a la globalización y al íntegro alcance de los medios de comunicación, todos los seres humanos somos contaminados con propaganda del Gran Poder sin apenas darnos cuenta: programas de televisión, radio, películas, prensa… Estamos sometidos a una completa manipulación lógica por parte de quienes pretenden anularnos. Y lo consiguen. Votamos a quienes nos muestran como más convenientes, compramos lo que dicen que necesitamos, firmamos lo que nos piden, damos el visto bueno a la existencia de guerras injustas, etc. En definitiva, somos sus esclavos. Sin embargo, lo somos sin ser conscientes de ello, pues la gran mayoría cree en su palabra y tiene la seguridad de que están actuando para preservar su en realidad ficticia libertad y librarle de unos males que los propios dueños del mundo han creado para atemorizar a su propio pueblo y crearle así dependencia del gobierno y sus ejércitos.

Por otra parte, orientan la ciencia y la tecnología a crear elementos de destrucción de naciones con el único fin de colonizarlas e imponer su modelo “perfecto” derrocando a un tirano que anteriormente ellos mismos colocaron, desintegrando así de un plumazo la soberanía de ese pueblo, su cultura y su identidad.

En el ámbito científico-filosófico, nos crean concepciones erróneas sobre nuestra propia naturaleza basando el paradigma científico en un nihilismo materialista que no atiende en absoluto a otras dimensiones del ser que no sean la puramente atómica. Quieren hacernos creer que nuestra esencia se halla en una molécula de ácido nucleico y depende única y exclusivamente de una mera secuencia de bases de nitrógeno. ¡Qué gran insulto a ese primer hombre, a cuya inteligencia y pericia hemos debido durante miles y miles de años poseer esa faceta creadora y consciente, característica y exclusiva de nosotros mismos, diferenciadora de todo demás ser existente!

Esta concepción de la naturaleza humana se transforma en un marco de pensamiento general completamente antifinalista y que contempla la naturaleza como algo en lo que impera el azar, en la cual nunca podríamos potenciar la más distinguida de nuestras facetas, y consecuentemente, estar carentes de destino y de razón de ser.

A la vista está el resultado de esta repulsiva operación: ¿qué porcentaje de personas sería capaz actualmente de contestar quiénes son, de dónde vienen y a dónde van en este mundo? Tristemente, uno muy bajo. De hecho, la gran mayoría de ya no solo jóvenes, adultos también, buscan “algo” con lo que intentar rellenar ese hueco que hay dentro de ellos, y el resultado no es otro que una serie de modas y corrientes estéticas generalmente importadas del extranjero que en realidad no se corresponden con lo que debería ser. Se crea así una sociedad dividida en tribus que a ninguna parte va. Y todo se debe a la ocultación de su verdadera identidad, que ha quedado rezagada en alguna parte de la Historia. El no tener sentimiento de Patria, el negar la cultura de nuestros antepasados y nuestras raíces nos convierte en el animal que antes fuimos. No nos une nada entre nosotros. Y, por ende, carecemos de todo futuro y de un verdadero progreso humano.

Parece ser que en la actualidad tener un ideal patriótico e identitario es algo arcaico, carente de sentido en el mundo de hoy, donde todo el mundo es libre y como tal puede desarrollar su propia personalidad como pretenda, sin estar sujeto a ningún tipo de moral preestablecida. Pero la verdad es que este individualismo tan defendido por los llamados “progresistas” lo que está haciendo es sumirnos en el mayor atasco en cuanto a realización humana que ha padecido el Hombre desde que es Hombre. En resumidas cuentas, en el no-progreso.

La Nación se comprende como una entidad que surgió con el objetivo de que unos pocos oprimieran a la mayoría para sacar provecho de su esclavitud, no como la cúspide de la pirámide del desarrollo social y coordinante entre humanos en la naturaleza para poder paliar en principio sus necesidades más básicas y posteriormente para poder conseguir su pleno desarrollo como ser humano.

La sociedad de hoy ya no entiende el principio por el cual el hombre consiguió ser realmente libre, por el cual consiguió determinar lo bueno y lo perjudicial, de establecer una serie de valores y una cultura que transmitir a sus descendientes para que continuaran con su ascenso en la montaña de la naturaleza. No se entiende que, para ser realmente individual, hay que concebir el grupo como lo primordial, porque el todo no es nada sin los unos de la misma manera que los unos no son nada sin el todo.

Así no vamos a ninguna parte. El hombre actual, incapaz de potenciar y dar rienda suelta a su creatividad ni a su ingenio, está condenado a vivir como un mero animal más. Su único anhelo será conseguir la mayor cantidad de satisfacciones terrenales en un mundo por él concebido como sin verdad ni rumbo. Sí, es cierto que se están consiguiendo cada vez más importantes avances científicos que alargan la vida, mitigan el dolor y facilitan las labores físicas. Pero, como ya queda explicado, son vertientes de la realidad que muy por debajo quedan de aquella que nos hace (o más bien, nos hizo ser) el ser más sublime y magnífico de la creación. Nuestra coordinación, nuestra cultura, nuestros valores y nuestra identidad, en última instancia, son lo que nos convierten en hombres, y en el ejercicio de negarlas y rechazarlas estamos condenándonos a nuestra propia deshumanización.

Bioquímica y neurobióloga habla del fraude de la vacuna contra el AH1N1

Maria Dorota Majewska, bioquímica y neurobióloga, es otra de las personalidades de la élite de la Salud que se atreve a contar la verdad sobre la Gripe A y las vacunas que pretenden los gobiernos (o más bien, en última instancia, las empresas farmacéuticas privadas) imponer a todo ciudadano, esté sano o no, a pesar de los nefastos efectos secundarios para la salud.

Los medios de desinformación

Presumimos de estar en la edad tecnológica, la edad de la información, donde somos capaces de acceder a cualquier tipo de dato a través de los más sofisticados aparatos, al alcance de cualquiera.

A lo largo del siglo XX, la industria de la información tuvo su auge y máxima expansión. El desarrollo de periódicos y posteriormente la creación de la radio y la televisión propició que la gente tuviera cada vez más necesidad de estar informada.

Hoy en día cualquier ser humano recibe semanalmente más información que la que cualquier otra persona hubiese recibido unos siglos antes durante toda su vida. Esto, sin duda alguna, supone una enorme ventaja respecto a esa época. Sin embargo, tiene su cara negativa.

El hecho de que toda la población mundial pueda informarse y nutrirse mediante unas pocas y globales fuentes de información hace que sea posible la manipulación directa y uniforme de todo ser humano.

Esto es utilizado directamente por los grandes poderes, empresas que utilizan los medios de comunicación (o el cuarto poder, como lo llaman de buena manera algunos), para crear en la población opiniones y manipular sus mentes.

La información que recibimos es escogida, tergiversada y nos es administrada de tal manera que es capaz (de hecho, ha sido) de crear opiniones absolutamente de la nada, y de manipular las mentes con el fin de controlar la voluntad popular y el mundo.

El control de los medios de comunicación lo ejercen los mismos que controlan los mercados bursátiles, los gobiernos más poderosos de la Tierra, quienes impulsan las guerras, las epidemias, el hambre… y todo con la finalidad de hacerse con el control absoluto del mundo.

Puedes poner las noticias cualquier día, y puedes estar seguro de la gran labor que están haciendo los medios. Desde luego, su intención no es la de informarte, la de hacerte ver las cosas más importantes que ocurren en el mundo. No. Ellos quieren hacerte ver como justa y necesaria la guerra que no lo es. Ellos quieren hacerte sentir pánico ante una enfermedad que ellos mismos han creado para venderte el antídoto. Ellos te muestran un terrorismo que te amenaza constantemente a pesar de haberlo creado ellos mismos. En resumen, ellos crean en ti un miedo que se traduce en una dependencia a la larga de sus vacunas, sus ejércitos y sus guerras.

La labor del terrorista es sacar un provecho de un miedo ajeno. Entonces, ¿quién es más terrorista? ¿quién te apunta con un rifle o quién le da un soporte a ese terrorista para que te apunte con un rifle?

El terrorismo es una labor conjunta entre esos grupos armados y los medios de comunicación. Ambos sacan provecho del medio que infunden, y ninguno es nada sin el otro.

De la misma manera, las industrias farmacéuticas sacarán provecho (como buenos terroristas que son), en colaboración con los omnipresentes medios de información, de que se propaguen enfermedades (normalmente, creadas por esas propias empresas) y conseguir venderte la vacuna para sacarte así los cuartos.

Igual que los desarrolladores de antivirus informáticos: sabe Dios que son las propias corporaciones distribuidoras de antivirus quienes crean los diferentes malwares para luego venderte su solución ante los mismos. La única diferencia es que en el caso de las farmacéuticas no se pone en peligro tu ordenador de 400 euros, sino tu propia vida (y no sé qué precio tendrá).

Volviendo a las guerras y a los rifles…

Los medios de comunicación te muestran a la hora de comer (estado de máxima vigilia) un país gobernado por un tirano genocida o por un grupo de terroristas que amenazan la integridad de nuestra “tan amada” democracia y de la “infinita libertad” que ella entraña. Se esmerarán y pondrán énfasis en la condena directa de las políticas de esos dictadores totalitarios y esos terroristas violadores de los derechos humanos.

Con eso conseguirán crear una imagen negativa de esos personajes (y si encima recrean un ataque contra un par de rascacielos situados en nuestro lado, ¡mejor!) para poder contar con el permiso popular de ir a la guerra contra esos malhechores.

¡Perfecto! Si van a derrocar a toda esa gentuza, y en su lugar instaurar un sistema tan “democrático y excelente” como el nuestro… ¿Quién que sea amante y defensor a ultranza de la libertad se opondrá?

Lo que los medios no muestran son los resultados en última instancia de estos conflictos creados de la nada. El invasor impondrá al inocente pueblo invadido una serie de dependencias que le negarán su propia soberanía y gestión. El invasor tendrá a su disposición los recursos naturales y humanos de ese país, ocupará militarmente su posición geopolítica, etc… En resumen, le colonizará. Pero bueno, en nombre de la democracia todo vale. ¿No es así?

Somos afortunados por vivir en un país democrático, donde todos somos libres de informarnos donde queramos (a pesar de ser todas las alternativas iguales) y de la misma manera, de elegir en las próximas elecciones entre dos candidatos cuya única diferencia radica en el color de sus corbatas.

¡VIVA LA DEMOCRACIA!

¡VIVA LA LIBERTAD!

¡VIVA LA DESINFORMACIÓN!

Guerra, drogas y política: elementos del mundo bipolar.

Conferencia de Noam Chomsky en México.

La Humanidad ha progresado mucho tecnológicamente, científicamente, industrialmente, pero esta evolución material sorprendente difiere mucho de la otra evolución, aquella que alimenta el ideal del espíritu humano: paz, justicia, bienestar… Hoy más que nunca vivimos en un mundo darwiniano, donde impera la ley del más fuerte, una jungla, donde los intereses de un pocos poderosos pasa primero que el bien y salud común de todos, esto sin hablar de querer salvar el planeta y su desafío ecológico. Chomsky repertoria estos aspectos…

¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?

Noam Chomsky disertó el pasado lunes largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.

O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.

O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupación manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual apertura democrática en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.

Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.

Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por sí solo de este yugo, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete. Blanche Petrich.

(A continuación se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl):

<< Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser.

El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahoraorganizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña. Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año.

En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas.

A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal. Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba.

Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia.

El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende. Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes.Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

Sofisticación tecnológica en el tercer mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo. Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente.

También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna. Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles. Se refería a los programas de defensa con misiles estadounidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadounidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos.

Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadounidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña.

En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales.

Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wehrmacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta.

En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadounidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.


TLC, cura recomendada

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas.

La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como extranjeros ilegales– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos.

Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadounidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadounidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios.

Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas.

En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración.

Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condolezza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadounidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos.

En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadounidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador.

Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadounidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible. Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadounidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta.

El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Washington.

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadounidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales.

Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

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Noam Chomsky

Pensador, escritor y activista estadounidense. Profesor de Lingüística en la Universidad de Massachussets. Fundador de la Gramática Generativa Transformacional, que es un sistema original para abordar el análisis lingüístico y que ha revolucionado la lingüística. Autor de La segunda guerra fría (1984), La quinta libertad (1988), El miedo a la democracia (1992), El Nuevo orden mundial (y el viejo) (1996).

Una monja desmonta las mentiras sobre la gripe A

elmanifiesto.com

22 de octubre de 2009

 

Los telemanejes de las multinacionales… La gripe común causa más muertes que la gripe A.

La gripe A… ¡Huy, qué miedo! Esa gripe nueva que saltó a los medios de comunicación en primavera y que se anunciaba que iba a diezmar la población mundial como hizo la gripe española de 1918… ¿Qué ha sido de ella? El hemisferio sur la acaba de pasar y no se han producido las muertes que se anunciaban. Y ahora en el hemisferio norte está ocurriendo lo mismo: muy pocas muertes y absoluta tranquilidad. ¿A qué se debe esta liviandad? ¿A las medidas adoptadas por los Gobiernos y la OMS o a que la alarma estaba hinchada? Una monja catalana lo explica en Internet.

La ministra de Sanidad Trinidad Jiménez anunció en julio que en otoño y en invierno se producirían unos 8.000 muertos por la gripe A, cuando el número habitual de fallecimientos por la gripe normal ronda los 5.000. La realidad es que el número de fallecidos en España a causa de esta enfermedad, reconocidos por la Administración española, era de sólo 45 hasta hace unos días. ¿Qué ha ocurrido? ¿Había motivo para tanta preocupación? ¿Han sido las medidas oficiales o es que la gripe A no existía? Una monja, Teresa Forcades, que era doctora en Medicina antes de tomar los hábitos, explica en su blog y en un vídeo difundido por Youtube algunos datos sobre la gripe A que sorprenden.

 
Aquí extraemos los principales datos científicos expuestos por Forcades en sus vídeos:
 

1. Los dos primeros casos conocidos de la nueva gripe (virus A/H1N1 cepa S-OIV) se diagnosticaron en California el día 17 de abril de 2009. 

2. La nueva gripe no es nueva porque sea del tipo A, ni tampoco porque sea del subtipo H1N1: la epidemia de gripe de 1918 fue del tipo A/H1N1 y desde 1977 los virus A/H1N1 forman parte de la temporada de gripe de cada año. El único elemento nuevo es la cepa S-OIV. 

3. Un 33% de las personas mayores de 60 años parece tener inmunidad para el virus de la nueva gripe, adquirida en contagios anteriores. 

4. Desde su inicio hasta el 15 de septiembre de 2009, han muerto de esta gripe 137 personas en Europa y 3.559 en todo el mundo. Cada año mueren en Europa entre 40.000 y 220.000 personas a causa de la gripe normal. 

5. Reconocidos profesionales de la salud –entre ellos el doctor. Bernard Debré, miembro del Comité Nacional de Ética de Francia, y el doctor. Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la asociación de Colegios de Médicos de España- afirman que los datos obtenidos de la temporada de gripe que ya han pasado los países del hemisferio sur, demuestran que la tasa de mortalidad y de complicaciones de la nueva gripe es inferior a la de la gripe de cada año. 

6. La OMS ha cambiado la definición de pandemia. Antes de mayo de 2009 para que un país pudiese declarar una pandemia era necesario que muriese a causa de un agente infeccioso una proporción significativa de la población. Este requerimiento –que es el único que da sentido a la noción clínica de pandemia y a las medidas políticas que se le asocian– fue eliminado de la definición el mes de mayo del 2009. Se puede declarar como pandemia a la gripe normal. 

 

Vacuna contaminada
 
Este asunto no tendría tanta importancia si no estuviera en juego la salud y la vida de miles de personas, así como una enorme cantidad de dinero. La hermana Forcades cuenta un suceso estremecedor.
 
En enero pasado, la filial austriaca de Baxter distribuyó a 16 laboratorios de Austria, Alemania, la Republica Checa y Eslovenia, 72 kilogramos de material para preparar miles de vacunas contra la gripe estacional. Las vacunas, que iban a ser administradas a personas entre febrero y marzo, se probaron en hurones, que murieron tras recibirla. La razón es que la vacuna de la casa Baxter contenía virus vivos de la gripe aviar (virus A/H5N1) combinados con virus vivos de la gripe de cada año (virus A/H3N2). Si esta contaminación no se hubiese descubierto a tiempo, la pandemia que sin base real están anunciando las autoridades sanitarias globales [OMS] y nacionales, ahora sería una espantosa realidad, declara la religiosa.
 
Esta combinación de virus vivos puede ser especialmente letal porque combina un virus que tiene un 60% de mortalidad, pero es poco contagioso (el virus de la gripe aviar), con otro que tiene una mortalidad muy baja, pero con una gran capacidad de contagio (un virus de los de la gripe de cada año).
 
Es decir, el riesgo de que la industria farmacéutica, empujada por las prisas, entregue a las autoridades sanitarias vacunas defectuosas es real. Por ello, las empresas están exigiendo a los Estados que firmen acuerdos que les proporcionen impunidad judicial en caso de que las vacunas tengan más efectos secundarios de los previstos, como ha hecho la ministra de Sanidad de Barack Obama.
 
No a la vacunación obligatoria
 
Una de las medidas que puede tomar la OMS y los Gobiernos nacionales para detener una pandeæmia es la vacunación obligatoria de las personas.
 
Las circunstancias actuales se resumen en: 1) Una enfermedad benigna; 2) Unas vacunas fabricadas a toda prisa y sin las debidas comprobaciones de seguridad; 3) La concesión de inmunidad por parte de los Gobiernos a las farmacéuticas.
 
La hermana y doctora Teresa Forcades sugiere que los ciudadanos no deben vacunarse contra la gripe A, y en caso de que se convierta en obligatoria la vacunación, es preciso resistirse a la misma.
 
Aparte de escuchar los consejos de Forcades, puede hacer una comprobación: ¿sabe si los médicos que conoce se han vacunado?
 
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3269

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Lo mejor, dejarse de estupideces, ignorar la existencia de esta enfermedad de segunda, y empezar a tomar zumos de naranja naturales ahora que llega el invierno. Así dejamos que nos dejen de tomar el pelo y se metan el Tamiflu por donde les quepa (por cierto, medicamento retirado en Japón tras provocar comportamientos anómalos en jóvenes nipones sanos que lo tomaban).
Sería mejor que Donald Rumsfeld hubiera invertido todo el dinero que ha destinado a su industria al desarrollo del Tamiflu en producir y distribuir vacunas contra la malaria en África, donde mueren anualmente cerca de un millón de personas por culpa de esta enfermedad perfectamente tratable. (Nótese tono irónico) Ah, no… ¿no eran los africanos los que no tenían dinero? Claro, ¿cómo van a tener un céntimo, si nosotros quien les usurpamos todos sus recursos naturales?
Entonces nada, si no tienen dinero, no sale rentable distribuir la vacuna. ¿A quién le interesa curar a un millón de negros muertos de hambre con malaria mientras se pueda aterrorizar a todo Occidente con una enfermedad insignificante que solo un infinitesimal porcentaje de ellos padecerá?
 
Si se crea una necesidad de oferta donde no existe, y se ignora la verdadera necesidad…
¡Parece ser que el fundamento esencial del capital, la teóricamente justa ley de la oferta y la demanda, no sirve ya de mucho!

El observador

¿Te sientes libre? ¿Crees que que no haya nada que influya en tu vida, en tu toma de decisiones?
Existen infinidad de factores que controlan tu vida: políticos, los medios de comunicación…
La creencia en tu propia libertad es un invento del sistema, que modula de diferentes maneras tu autonomía para que actúes como la gran masa social a la que perteneces.
Todo el circo de la democracia funciona en base a tu ignorancia y pasividad.  Desde el control, pueden hacer que te sientas libre actuando como ellos quieren que actúes. Puedes elegir, entre votar a un partido A, o a un partido B, y pudiendo elegir te sientas libre, autónomo. Pero, resulta que A = B. Y esto es solo un pequeño ejemplo.

Si algún día te das cuenta de todo esto, y decides explicar con perseverancia a la gente el funcionamiento del complot contra el ser humano del sistema, te autocondenarás al ostracismo en el mejor de los casos. Porque también, puede ocurrirte como a nuestro amigo el observador, y ser encerrado en un manicomio por “estar loco”.