Ejércitos privados: el negocio de la guerra

La Inquisición – 17/09/2011

En un mundo que tiende al anarcocapitalismo, los estados soberanos pierden cada vez más autonomía, competencias y poder a favor de que éstos recaigan en los grandes capitales, que los adquieren a precios muy por debajo de su valor real. Las guerras ya no atienden a intereses nacionales ni populares, sino a intereses de mercado. La guerra, hoy en día, es un negocio perpetrado por las grandes multinacionales para sacar provecho del sufrimiento humano y de la miseria planificada. Desde empresas que reconstruyen lo destruido hasta otras que ofrecen nuevos productos a una población masacrada, todas disfrutan de un público bien necesitado al que explotar y/o vender artículos. Así, la guerra se ha convertido en un factor más necesario para la persistencia del capitalismo. Constituye una parte intrínseca de él y mientras éste no se destruya, las guerras seguirán surgiendo como si de un acontecimiento natural más de tratase.

Concretamente, nos vamos a centrar en un tipo de empresa de las muchas que se aprovechan de la desgracia humana para sacar provecho: las empresas de contratistas privados, o mercenarios. Se trata de empresas como cualquier otra, con sus oficinas y su sede fiscal, llegando incluso a cotizar en bolsa.

La participación de ejércitos privados en las guerras contemporáneas ha crecido exponencialmente. La implicación de compañías de mercenarios en la guerra de Irak evidencia esta denuncia. Son varias compañías de este tipo las que operan en suelo irakí -36- empleando a miles de mercenarios -25.000 en el año 2005-, la mayoría veteranos de guerra con una magnífica formación militar.

Logo de Blackwater

Estas empresas privadas sustituyen así a los ejércitos regulares de cada nación, lo que supone una serie de ventajas considerables de cara a la labor desinformativa que ejercen los massmedia sobre las guerras neocolonialistas. Una de esas ventajas es que su banda de acción es ilimitada al no estar regidos por las leyes internacionales que controlan a los ejércitos regulares, de tal manera que estos mercenarios pueden cometer cualquier tipo de exceso saliendo impunes. Otra de las ventajas es que el número de mercenarios que mueren en la guerra nunca se verá reflejado en las listas oficiales de fallecidos del gobierno ocupante, pues pertenecen a empresas privadas y no al ejército regular, así que su muerte puede ser tratada como un accidente laboral más, sin llegar a considerarse que han sido muertes en el marco de un conflicto bélico. De esta manera el gobierno que procedió a la invasión no sufrirá el desgaste de popularidad que se merece al desinformar sobre el número real de muertes. Además, un contratista privado cobra aproximadamente tres veces más que un soldado regular, lo que genera una tendencia por parte de los soldados a alistarse antes en este tipo de empresas que en el ejército nacional.

Con todo esto, muchas veces las autoridades locales de los países ocupados consideran a los mercenarios en un mismo estatus que los soldados regulares.

Hablando ahora de nombres propios, las empresas que se dedican a estas actividades, por poner algunos ejemplos, son: Executive Outcomes, Sandline Kroll Aegis, Triple Canopy, Control Risks, Armor Group y Blackwater. La mayoría son estadounidenses y británicas, siendo Londres la mayor sede de empresas militares privadas.

Ésta última, Blackwater, estadounidense, ha protagonizado varios acontecimientos reprobables, como una masacre que tuvo lugar en pleno centro de Falujah. El gobierno irakí incluso llegó a retirar la licencia a Blackwater para actuar en su territorio. Sin embargo, Blackwater USA cambió su nombre por el de “Xe” con el fin de limpiar su imagen tras estos hechos.

Estas empresas generan alrededor de 150.000 millones de dólares anualmente, lo que pone de manifiesto la rentabilidad de la guerra para este tipo de industria de la muerte y la destrucción. La mayoría de esos ingresos proceden de los gobiernos estadounidense y británico, además de los servicios secretos de estos dos países (CIA y MI6, respectivamente). Por su parte, empresas de extracción de petróleo y diamantes también solicitan sus servicios, aunque constituyen una menor fuente de ingresos comparado con lo que facturan por su presencia en Irak y Afganistán. Cabe decir que un 20 % del presupuesto para la reconstrucción de Afganistán está destinado a las empresas de seguridad privada.

La guerra es negocio y el capitalismo necesita de ella para persistir.

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La santa cruzada de Estados Unidos contra el mundo musulmán

Redacción: Michel Chossudovsky | Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Hemos llegado a una transición decisiva en la evolución de la doctrina militar estadounidense. La “guerra global contra el terrorismo” dirigida contra al Qaeda y emprendida tras el 11 de septiembre está evolucionando hacia una “guerra de religión” con todas las de la ley, a una “santa cruzada” contra el mundo musulmán.

El dogma militar y la guerra de propaganda estadounidenses bajo el gobierno Bush se basaban más en combatir el fundamentalismo islámico que en atacar a los musulmanes. “Esto no es una guerra entre Occidente y el Islam, sino … una guerra contra el terrorismo”. Hay que distinguir a los llamados “buenos musulmanes” de los “malos musulmanes:

    Apenas se había asentado el polvo de las derrumbadas Torres Gemelas el 11 de septiembre cuando empezó una búsqueda febril de “musulmanes moderados”, personas que proporcionarían respuestas, que se distanciarían de esta atrocidad y condenarían los actos violentos de los “extremistas musulmanes”, “fundamentalistas islámicos” e “islamistas”. Rápidamente emergieron dos categorías de musulmanes: los “buenos” y los “malos”; los “moderados”, “liberales” y “laicos” frente a los “fundamentalistas”, “extremistas” e “islamistas” (Tariq Ramadan, “Good Muslim, Bad Muslim, New Statesman, 12 de febrero de 2010, http://www.newstatesman.com/religion/2010/02/muslim-religious-moderation)

Tras el 11 de septiembre la comunidad musulmana en la mayoría de los países occidentales estaba claramente a la defensiva. La división entre “buen musulmán” y “mal musulmán” se aceptaba ampliamente. Los atentados del 11 de septiembre supuestamente cometidos por musulmanes no sólo fueron condenados, sino que comunidades musulmanas también apoyaron la invasión y ocupación estadounidense y de la OTAN de Afganistán e Iraq como parte de una campaña dirigida contra el fundamentalismo.

La comunidad musulmana raramente ha reconocido el hecho de que los atentados del 11 de septiembre no fueron instigados por musulmanes. No se menciona la continua relación de al Qaeda con la CIA, tampoco se menciona su papel como una “baza de inteligencia” patrocinada por Estados Unidos en la época de la guerra soviético-afgana (Michel Chossudovsky “America’s “War on Terrorism””, Global Research, Montreal, 2005, http://www.globalresearch.ca/globaloutlook/truth911.html)

Desde principios de la década de 1980 Washington ha apoyado de manera encubierta a las facciones más conservadoras y fundamentalistas del Islam, en gran parte con vistas a debilitar los movimientos laicos, nacionalistas y progresistas de Oriente Medio y Asia Central. Tal como es sabido y está documentado, los servicios de inteligencia estadounidenses apoyaron de forma encubierta las misiones fundamentalistas wahhabi y salafi de Arabia Saudí, enviadas no sólo a Afganistán sino también a los Balcanes y a las repúblicas musulmanas de las antiguas repúblicas soviéticas (Ibid.). Lo que se suele denominar “Islam político” es en gran parte creación del aparato de inteligencia estadounidense (con el apoyo de [los servicios de inteligencia] MI6 británico y Mossad de Israel).

La mezquita de la Zona Cero

Acontecimientos recientes sugieren un límite, una transición desde la “guerra contra el terrorismo” a la demonización categórica de los musulmanes. Al mismo tiempo que pone de relieve la libertad de culto, el gobierno Obama está “pregonando a bombo y platillo” una guerra más amplia contra el Islam:

    “Como ciudadano y como presidente, creo que los musulmanes tiene el mismo derecho a practicar su religión que cualquier otra persona en este país… Esto es Estados Unidos y nuestro compromiso con la libertad de culto debe ser inquebrantable” (citado en “Obama Backs Ground Zero Mosque; Iranian Link Questioned”, Israel National News, 15 de agosto de 2010,http://www.israelnationalnews.com/news/news.aspx/139113 )

Tras la cortina de humo política se está descartando la distinción entre “buenos musulmanes” y “malos musulmanes”. Supuestamente la anunciada mezquita de la Zona Cero está siendo financiada por “el radical Estado canalla de Irán … mientras Estados Unidos está redoblado las sanciones contra el régimen [iraní] en represalia por su apoyo al terrorismo y lo que se teme que sea un programa ilegal de desarrollo de armas nucleares” (“Ground Zero mosque developers refuse to outright reject funding from Iranian president Mahmoud Ahmadinejad, NYPOST.com, 19 de agosto de 2010,http://www.nypost.com/p/news/local/manhattan/builders_leave_door_open_to_unholy_NadIfsGSyhBFOmsS7S2QOL ).

La creciente oleada de xenofobia, desencadenada por la propuesta de hacer una mezquita y un centro comunitario en la Zona Cero, tiene toda la apariencia de una PSYOP (Operación Psicológica) que contribuye a fomentar el odio contra los musulmanes en todo el mundo occidental.

El objetivo es infundir temor, despertar y utilizar el firme apoyo de los ciudadanos a la próxima etapa de la “larga guerra” de Estados Unidos que consiste en emprender ataques aéreos “humanitarios” contra la República Islámica de Irán, a la que los medios de comunicación retratan como un país que apoya a los terroristas.

Aunque “no todos los musulmanes son terroristas”, los medios de comunicación informan de que todos los atentados terroristas (planeados o realizados) los han perpetrado musulmanes.

En Estados Unidos se está atacando a la comunidad musulmana en su conjunto. Se describe el Islam como una “religión de guerra”. Se está anunciando la propuesta de levantar una mezquita y un centro comunitario como “una violación de la santidad de la Zona Cero”.

“Terroristas locales”

Tanto las detenciones en base a acusaciones falsas como los juicios espectáculo de supuestos terroristas islámicos “locales” desempeñan una importante función. Mantienen la impresión en la conciencia íntima de los estadounidenses de que los “terroristas islámicos” no sólo constituyen una amenaza real sino que la comunidad musulmana a la que pertenecen apoya ampliamente sus actos:

    La amenaza proviene cada vez menos de extranjeros con un inglés rudimentario y pasaportes dudosos. En vez de ello, reside mucho más cerca de casa: en las casa unifamiliares urbanas, sótanos oscuros, en cualquier lado con una conexión. Los terroristas locales son la última encarnación de la amenaza de al-Qaeda (“How terror came home to roost”, Ottawa Citizen, 27 de agosto de 2010, http://www.ottawacitizen.com/news/terror+came+home+roost/3452887/story.html, informa sobre un supuesto ataque terrorista en Canadá).

Desde un proceso de atacar selectivamente a musulmanes con tendencias radicales (o supuestamente asociados con “organizaciones terroristas”), lo que se está desarrollando ahora es un proceso generalizado de demonización de todo un grupo de población.

Los musulmanes son cada vez más objeto de una discriminación rutinaria y del perfil étnico. Se les considera una amenaza potencial a la seguridad de la nación. Se dice que la amenaza está “mucho más cerca de casa” , “en tu barrio”, en otras palabras, lo que se está desarrollando es una caza de brujas total que recuerda a la Inquisición española.

En cambio, se describe a al-Qaeda como una poderosa organización terrorista multinacional (que posee armas de destrucción masiva) con filiales en los países musulmanes: se presenta a al-Qaeda (con sus correspondientes acrónimos) en varios puntos geopolíticos conflictivos y escenarios de guerra:

-Al Qaeda en Iraq (AQI), Al Qaeda la Península Arábiga (AQAP) (compuesta de al-Qaeda en Arabia Saudí y la Yihad Islámica de Yemen), al-Qaeda en el sudeste de Asia (Yamaa Islamiya), Organización al-Qaeda en el Maghreb islámico, Harakat al-Shabaab Muyahidin en Somalia, la Yihad Islámica egipcia, etc.

Las fuerzas de ocupación no consideran en ningún momento que las atrocidades cometidas contra varios millones de musulmanes en Iraq y Afganistán sean actos terroristas.

La Inquisición estadounidense

Se está desarrollando una “guerra de religión” con vistas a justificar la cruzada militar global. En la conciencia íntima de muchos estadounidenses la “santa cruzada” contra los musulmanes está justificada. Aunque el presidente Obama confirme la libertad de culto, el orden social inquisitorial estadounidense ha institucionalizado modelos de discriminación, prejuicio y xenofobia en contra de los musulmanes. El perfil étnico se aplica para viajar, al mercado laboral, al acceso a los servicios sociales y más generalmente a la movilidad social.

La Inquisición estadounidense tienen un constructo ideológico que en muchos sentidos es similar al orden inquisitorial prevaleciente en Francia y España durante la Edad Media. La Inquisición, que empezó en Francia en el siglo XII, se utilizó como justificación de la conquista y de la intervención militar (véase Michel Chossudovsky, 9/11 and the “American Inquisition”, Global Research, 11 de septiembre de 2008, http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=10144).

Las detenciones, juicios y condenas de los llamados “terroristas locales” (procedentes de la comunidad musulmana de Estados Unidos) en base a acusaciones falsas mantiene la legitimidad del Estado de Seguridad Nacional y su aparato legal y de aplicación de la ley inquisitorial.

Una realidad inquisitorial pone la realidad del revés. Es un orden social basado en mentiras e invenciones. Pero debido a que estas mentiras emanan de la más alta autoridad política y forman parte de un amplio “consenso”, invariablemente permanecen incontestadas. Y quienes discuten el orden inquisitorial o se oponen de cualquier manera a la agenda miliar o de seguridad nacional de Estados Unidos son calificados ellos mismos de “terroristas de la conspiración” o de rotundos terroristas.

Más allá de este proceso de detenciones y persecución inquisitorial, que supera a la Inquisición española, la Casa Blanca ha lanzado un oportuno programa de asesinatos extrajudiciales que permite a las fuerzas especiales estadounidenses asesinar a ciudadanos estadounidenses y a personas sospechosas de ser terroristas locales: “¿Una lista de ciudadanos estadounidenses preseleccionados que son objetivo específico de asesinatos?” (Véase Chuck Norris Obama’s US Assassination Program? “A Shortlist os US Citizens specifically Targeted for Killing”?, Global Research, 26 de agosto de 2010,http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=20779 ).

El objetivo es mantener la impresión de que “Estados Unidos está siendo objeto de ataque” y que los musulmanes de todo el país son cómplices del “terrorismo islámico” y lo apoyan.

La demonización de los musulmanes mantiene una agenda militar global. Bajo la inquisición estadounidense Washington tiene un autoproclamado mandato santo de extirpar el Islam y “expandir la democracia” por el mundo.

Con lo que nos enfrentamos es con la aceptación ciega y total de las estructuras de poder y de la autoridad política. La santa cruzada de Estados Unidos contra el mundo musulmán es un flagrante acto criminal dirigido contra millones de personas.

rJV

Fuente: Global Research ; vía: Rebelión.


Lo que no te dirán sobre Iraq

Redacción: Adil E. Shamoo | Foreign Policy in Focus

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

Iraq tiene un desempleo de entre 25 y 50%, un parlamento disfuncional, enfermedades endémicas, una epidemia de enfermedades mentales, y un crecimiento descontrolado de las chabolas. La matanza de gente inocente se ha convertido en parte de la vida diaria. ¡Qué desolación ha infligido EE.UU. a Iraq!

ONU-HABITAT, un organismo de las Naciones Unidas, publicó recientemente un informe de 218 páginas titulado “Estado de las Ciudades del Mundo 2010-2011”. El informe está repleto de estadísticas sobre la condición de ciudades en todo el mundo y sus demografías. Define a los habitantes de los barrios bajos como aquéllos que viven en centros urbanos sin una de las siguientes condiciones: estructuras estables para protegerlos del clima, suficiente área habitacional, suficiente acceso a agua, acceso a instalaciones sanitarias e inmunidad ante el desalojo.

Casi oculto intencionadamente en esas estadísticas hay un hecho chocante sobre las poblaciones urbanas iraquíes. Durante las últimas décadas, antes de la invasión de EE.UU. en 2003, el porcentaje de la población urbana que vivía en chabolas en Iraq ascendía a poco menos de un 20%. Actualmente, ese porcentaje ha aumentado a un 53%: 11 millones del total de 19 millones de habitantes urbanos. En la última década, la mayoría de los países han hecho progresos hacia la reducción de la cantidad de habitantes en chabolas. Pero Iraq ha ido rápida y peligrosamente en la dirección contraria.

Según el Censo de EE.UU. del año 2000, un 80% de los 285 millones que habitan en EE.UU. son habitantes urbanos. Los que viven en chabolas están muy por debajo de un 5%. Si traducimos la estadística iraquí al contexto estadounidense, 121 millones de personas vivirían en chabolas en EE.UU.

Si EE.UU. tuviera una tasa de desempleo entre un 25 y un 50% y 121 millones de personas que viven en chabolas, habría disturbios, los militares tomarían el poder y la democracia se evaporaría. ¿Por qué, entonces, la gente en EE.UU. no se preocupa o entristece por las condiciones en Iraq? Porque la mayoría de la gente en EE.UU. no sabe lo que sucedió en Iraq y lo que sucede ahora mismo. Nuestro gobierno, incluida la actual administración, mira hacia otro lado y perpetúa el mito de que la vida ha mejorado en Iraq después de la invasión. Nuestros principales medios noticiosos refuerzan ese mensaje.

Yo albergaba muchas esperanzas en que el nuevo gobierno diría la verdad a sus ciudadanos sobre el motivo por el que invadimos Iraq y lo que estamos haciendo actualmente en ese país. El presidente Obama prometió seguir adelante y no mirar hacia el pasado. Por problemática que sea esta negativa de examinar el pasado –particularmente para los historiadores– lo menos que debería hacer el presidente sería informar al público de EE.UU. sobre las actuales condiciones en Iraq. ¿De qué otra manera podemos esperar que nuestro gobierno formule una política adecuada?

Audiencias más amplias en el Congreso sobre Irán podrían haber permitido que conociéramos los mitos propagados sobre Iraq antes de la invasión y la dimensión del daño y la destrucción infligidos a Iraq. Habríamos conocido el tremendo aumento en la pobreza urbana y de la expansión de los barrios bajos. Semejantes hechos sobre las actuales condiciones de Iraq ayudarían a los ciudadanos estadounidenses a comprender mejor el impacto de la rápida retirada de EE.UU. y cuáles deberían ser nuestras responsabilidades en Iraq.

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Adil E. Shamoo es analista senior en Foreign Policy In Focus, y profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. Escribe sobre ética y política pública. Para contactos, escriba a: ashamoo@umaryland.edu.

Fuente: Foreign Policy in Focus ; vía: Rebelión.

Las reflexiones de Castro enturbian las relaciones Cuba-México

Redacción: La Inquisición – 15/08/2010

Fidel Castro ha expresado en su último artículo, “El gigante de las siete leguas”, que Estados Unidos intervino en las últimas elecciones presidenciales mexicanas en 2006 con el fin de impedir que el candidato izquierdista, López Obrador, ganase las elecciones. Castro pone en duda la legitimidad de los comicios afirmando que el interés estadounidense era la victoria del candidato conservador y actual presidente, Felipe Calderón.

Según Castro, la doctrina neoliberal que imponen los EE.UU. está dirigida a apropiarse de las riquezas de otras naciones y por ello necesitaba que en México gobernase alguien acorde a esos principios. “Conocía, como otros dirigentes políticos, cómo Washington había elaborado las ideas del ‘neoliberalismo’ que vendió a los países de América Latina y al resto de los países del Tercer Mundo como la quintaesencia de la democracia política y el desarrollo económico, pero nunca tuve una idea tan nítida de la forma con que el imperio utilizaba esa doctrina para destrozar y devorar las riquezas de un importantísimo país, rico en recursos”, afirma Castro.

A su vez, Fidel alabó la obra de López Obrador, “La mafia que se adueñó de México y el 2012”, donde el ex-candidado describe “la forma en que Estados Unidos devora a dentelladas un país hermano, al que ya una vez arrebató más del 50% de su territorio, las mayores minas de oro con altísima ley y la riqueza petrolera explotada intensamente durante más de un siglo, de la que se extraen todavía casi tres millones de barriles diarios”.

Los comicios presidenciales en México en 2006 fueron ganados por Felipe Calderón habiendose impuesto a López Obrador por un escueto 0,57% de votos más. Nunca la diferencia entre dos candidatos a la presidencia mexicana había sido tan pequeña.

Las declaraciones del líder cubano han desatado fuertes críticas por parte del gobierno mexicano, que rechazó oficialmente sus declaraciones en las cuales el ex presidente de Cuba “pretende descalificar a las instituciones mexicanas y se hace eco de afirmaciones sin sustento sobre el país y su desarrollo”, según la cancillería. Si bien las relaciones Cuba-México ya eran frías con el anterior presidente, Vicente Fox, cuando se llegó a considerar la posibilidad de romper todo tipo de relación entre ambos países, en la actualidad los vínculos que unan ambas naciones pueden quebrarse más hasta llegar a romperse completamente.

El artículo de Castro puede leerse entero aquí:

Parte 1: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/08/12/el-gigante-de-las-siete-leguas-parte-1/

Parte 2: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/08/13/el-gigante-de-las-siete-leguas-parte-2/

Fuente principal: RT

Medios de comunicación

La Inquisición – 14/08/2010

En un mundo como en el que vivimos es común y aceptado tomar cuanta información se nos muestra como verdadera e indiscutible, máxime si procede de medios tales como la televisión, la radio u otro espacio cuya masiva audiencia da una falsa sensación de garantía de veracidad e imparcialidad.

Sin embargo, se trata de algo ilusorio, y el hecho de que todos los medios muestren al unísono la misma información no confirma su fidelidad. Al contrario, ocurre que todos los grandes medios de comunicación de masas tienen una coincidencia de intereses que -salvaguardando algunos detalles ideológicos irrelevantes desde un punto de vista global- hacen mostrar el mismo tipo de noticias al público.

¿Qué intereses son esos? ¿A qué corresponden?

Los mass-media siempre son propiedad de grandes capitalistas cuyo negocio no se reduce únicamente a la información. De hecho, en la mayoría de los casos la posesión de un medio de comunicación dentro de un holding empresarial no es un fin comercial en sí, sino un medio que afiance, de cara al ciudadano, la buena imagen de las demás empresas del mismo propietario.

De esta manera surgen fuentes de información que ya de base están condicionadas, de modo que si el medio de comunicación pertenece al mismo propietario que una petrolera, mostrará unas noticias relativas a ésta siempre favorables y benévolas, aunque en realidad esa petrolera, por poner un ejemplo, vierta desperdicios al mar o explote a sus trabajadores. Serán cosas que el medio tenderá a censurar.

Por otra parte, está la publicidad. Actualmente la mayoría de ingresos en TV, radio, periódicos y revistas proceden directamente de la publicidad a la que dan soporte. Esto supone otro gran condicionante, pues las empresas que se anuncian nunca permitirían que el medio en el cual se hacen conocer emitiera noticias adversas a su imagen y a sus productos, por malos que éstos sean. De esta manera el medio, con el fin de no perder su fuente de ingresos, nunca mostrará ninguna noticia desfavorable relativa a los anunciantes.

Las firmas comerciales utilizarán los teóricamente fiables medios de comunicación siempre bajo su criterio, que no es otro que vender sus productos a un público contando con su beneplácito.

Desde una perspectiva más global, para entender por qué en casi la totalidad de los aspectos geopolíticos del mundo todos los medios están de acuerdo, hay que hacer un análisis de las implicaciones de las multinacionales en los diferentes gobiernos de cada nación.

En un mundo que tiende cada vez más y más al anarcocapitalismo, las multinacionales van acaparando progresivamente todo el poder que pueden en detrimento de los gobiernos soberanos. Aunque este es otro tema de estudio, cabe tener en cuenta que el neoliberalismo -la doctrina imperante en este siglo XXI- otorga cada vez más competencias al sector privado, desentendiéndose los gobiernos (y, por extensión, los pueblos) de garantizar derechos tan básicos como son la sanidad y la educación.

Llega un momento en que el capitalismo ha supeditado las soberanías nacionales a los grandes capitales de tal manera que cualquier decisión tomada por un gobierno se corresponde a las pretensiones del Capital, y de nadie más, ni siquiera del pueblo que le confió su voto en un vano intento por decidir su destino en la historia.

Los medios de comunicación nunca mostrarán este tipo de relación, y se limitarán a mentir en aras de contar con la aprobación popular en todo lo concerniente al interés del Capital.

Así, una guerra contra un país rico en reservas petrolíferas, cuya única finalidad radica en el control de esas reservas por parte del Capital, puede ser vista por la muchedumbre como una cruzada necesaria para salvaguardar una libertad y una democracia que no son tales, con el pretexto de destruir un terrorismo ficticio o de derrocar a un tirano que nadie sabe qué hace ahí.

Los medios de comunicación, al servicio de su dueño, el Capital, pueden alinear a la opinión pública con los objetivos de sus propietarios, a pesar de que no se correspondan lo más mínimo con el interés general.

De la misma manera que se legitima una guerra popularmente innecesaria, también los medios pueden crear una alarma social afirmando que hay un virus expandiéndose de peligro extremo. Sin embargo, la realidad es que ese virus puede ser, al lado de la gripe común o la malaria, algo realmente insignificante, y que no afecte a prácticamente nadie. Pero el miedo infundido ha servido a las empresas farmacéuticas para vender sus prescindibles productos. Y todo a costa de un terror creado a partir de la nada.

La tergiversación mediática puede llegar a extremos insospechados, y documentar sobre casos concretos daría para escribir un libro. Los medios pueden crear héroes a base de individuos infames, a la vez que demonios partiendo de seres inocentes. Con razón es llamado el Cuarto Poder. Toda una moral puede ser -y de hecho, es- impuesta de manera uniforme a un público que por pasividad o ignorancia no hace nada por buscar medios alternativos para nutrirse de verdadera -o por lo menos no tan falsa- información.

No tiene perdón, contando actualmente con recursos como Internet, que nadie intente documentarse acerca de todo cuanto le atañe de manera precisa, desconfiando de lo que muestra la tan incomprensiblemente amada televisión.

Al final, como todo, esto queda reducido al grado de voluntad que tiene un individuo para abrir los ojos y comprender cómo es el mundo en realidad, a su fuerza de repulsión ante lo que le es dado así sin más, a su grado de aceptación o rechazo de lo pasivo y elaborado.

Claro que es más fácil quedarse con lo que cuentan que buscar e investigar sobre cualquier hecho. La falta de interés y de voluntad que esgrime el pensamiento único imperante por medio de erróneas idealizaciones en Hollywood y todo el arte de consumo, se traduce en una deshumanización tal que a medida que pasa el tiempo nuestro mundo se asemeja más a la distopía orwelliana.

Incapaz de observar, incapaz de comprender, e incapaz de crear, el hombre moderno asiste como un mero espectador a un teatro llamado Realidad que cada día se supera en lo inhumano y en lo irracional. Hemos necesitado 3 millones de años para pasar de ser monos a simples hormigas, y llegado un momento no cabrá ya posibilidad de involución.